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Opinión / LA TRAICIÓN COMO HILO CONDUCTOR EN LA HISTORIA POLÍTICA Y EL IMPACTO DEL 3 DE ENERO – La Tabla Blog

Opinión / LA TRAICIÓN COMO HILO CONDUCTOR EN LA HISTORIA POLÍTICA Y EL IMPACTO DEL 3 DE ENERO – La Tabla Blog

Un análisis estructural sobre la fragilidad de los círculos de confianza ante la cooptación y la inacción operativa, desde Patrice Lumumba hasta el desenlace venezolano de 2026.

Por Ken Ramírez  03 JUN 2026
Magíster en Ciencias Políticas y Licenciado en Educación

En la ciencia política, la traición rara vez se manifiesta como un arrebato impulsivo; por el contrario, opera como un mecanismo calculado donde la fractura interna es capitalizada por intereses exteriores. A lo largo de los últimos sesenta años, los proyectos políticos con retóricas de fuerte resistencia externa han sucumbido de manera sistemática ante el quiebre o la deliberada pasividad de sus círculos de custodia y hombres de máxima confianza.

La historia universal y regional registra este patrón con total nitidez. El paralelismo histórico clásico se encuentra en el ascenso de Joseph-Désiré Mobutu en el Congo, quien tras ser nombrado jefe del ejército por Patrice Lumumba, terminó entregándolo a sus captores en 1961.

En América Latina, este fenómeno ha tomado dos vertientes claras: la cooptación militar tradicional, como la ejecución del golpe de 1973 en Chile por el general Augusto Pinochet —en quien Salvador Allende había depositado toda su confianza semanas antes nombrándolo Comandante en Jefe—; y el viraje ideológico o traición por sucesión, cuyo ejemplo más reciente fue el de Lenín Moreno en Ecuador, quien tras ser el delfín político elegido por Rafael Correa para continuar la «Revolución Ciudadana», usó el aparato del Estado para desmantelar su legado y perseguir a su propia estructura original.

En el contexto venezolano, este fenómeno ha alcanzado su punto más álgido tras los acontecimientos del pasado 3 de enero de 2026. La fulminante incursión militar estadounidense que culminó con la captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Fuerte Tiuna no solo demostró una filtración quirúrgica de información confidencial, sino que puso bajo la lupa una parálisis institucional coordinada desde las más altas esferas del poder militar y civil, donde el entorno que debía proteger el proceso decidió no actuar.

La anatomía del silencio: Los actores del engranaje

La investigación en torno al 3 de enero apunta a que la operación de extracción, ejecutada en escasos minutos dentro de una de las instalaciones militares más fortificadas del continente, desnudó una cadena de omisiones por parte de los mandos que tenían la obligación constitucional, legal y operativa de responder.

Este quiebre no obedeció a una de las tantas fallas logísticas del pasado, sino a la inacción concertada de un equipo clave que compartía la mesa de decisiones:

✓El General en Jefe Vladimir Padrino López (Ministro de la Defensa): Como máxima autoridad administrativa y política de las Fuerzas Armadas, el silencio y la falta de emisión de órdenes de combate inmediatas durante el desarrollo de la incursión aérea y terrestre en Fuerte Tiuna exponen una postura de repliegue deliberado ante el avance extranjero.

✓El General en Jefe Domingo Hernández Lárez (Comandante Estratégico Operacional – CEOFANB): Al frente del órgano encargado de la unificación operativa de todos los componentes militares y de activar los planes de defensa nacional ante agresiones externas, la ausencia de despliegue táctico, el nulo uso de los sistemas de defensa aérea y el congelamiento de las unidades blindadas —específicamente el 312.º Batallón de Caballería Motorizada «Ayala»— evidencian una orden de parálisis desde la cabeza del comando operacional.

✓Diosdado Cabello (Ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz): Responsable directo de la seguridad ciudadana, el control policial y la inteligencia civil a nivel nacional. La inmovilidad de las fuerzas de seguridad interna y la falta de despliegue de contención en las arterias viales de la capital durante la madrugada del asalto completan el cuadro de un repliegue coordinado entre el ala militar y el ala política radical.

✓La Guardia de Honor Presidencial (GHP): El primer anillo de seguridad del mandatario se vio neutralizado operativamente en un despliegue que evidenció la desactivación previa de protocolos de alerta temprana, dejando el peso de la defensa casi exclusivamente en el anillo de seguridad complementario cubano.

Concentración del poder y el viraje post-Maduro

La reconfiguración del poder tras el vacío dejado por Maduro ha acelerado las contradicciones internas del proceso político. La asunción de la vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta encargada —coordinada estrechamente con el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez— representa el desenlace de una estrategia de concentración institucional.

Este bloque político, en perfecta sintonía con la pasividad demostrada por el estamento militar y civil el 3 de enero, avanzó hacia la neutralización de cualquier facción interna o liderazgo autónomo que pudiera disputar el control del Estado.
Para los ideólogos de la llamada «Revolución Bolivariana» y defensores del legado original de Hugo Chávez, el escenario actual representa una ruptura histórica irreversible que emula las traiciones de Mobutu o Moreno.

El nuevo mando formalizado por los hermanos Rodríguez, cobijado por el estamento de ministros y comandantes que callaron durante la captura de Maduro, avanza con rapidez hacia un pragmatismo económico que incluye el levantamiento de sanciones y una vertiginosa apertura del sector petrolero al capital estadounidense.

Este giro institucional es percibido por las bases como la consumación de una entrega programada, donde la inacción de las piezas clave del tablero político-militar facilitó el desmontaje definitivo de la soberanía energética que Chávez diseñó originalmente.

A sesenta años de las grandes traiciones del siglo XX, el caso venezolano confirma que los liderazgos suelen ser vulnerables no solo ante el enemigo frontal, sino ante el engranaje interno que decide, en el momento preciso, dejar de actuar para heredar el control total del Estado.


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