Noticias Candela - Informe 25 por Jorge Castro
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Los hermanos De Grazia: implicados en el tráfico de petróleo, pero presentados como “presos políticos”

Sus bancos blanqueaban en criptomonedas el dinero del crudo robado. Pero para el senador Casini “son todas excusas”. Terzi di Sant’Agata (FdI): “Una cuestión humanitaria”.

Las órdenes de excarcelación (n.º 165-26 y 166-26) están sobre la mesa de la Dirección de El Rodeo I. “Medida sustitutiva”, se lee en el documento. Traducido: “arresto domiciliario”. Pero el coronel Alexander José Martínez Endeiza está demorando la decisión. Y ellos —Daniel y Carmelo De Grazia, italianos con doble pasaporte— siguen en la celda desde abril de 2024. Ambos han sido detenidos por “malversación de bienes, valores o recursos públicos”, “asociación para delinquir” y “traición a la patria”. Había también un tercero, Levin De Grazia, que logró evitar el arresto. “Es ilegal”, denuncia la esposa de Carmelo, subrayando que el coronel “mantiene arbitrariamente detenidas a dos personas”.

Su caso también fue debatido en el Parlamento hace algunas semanas, con intervenciones de los senadores Pier Ferdinando Casini (Centristi per l’Europa), Giulio Terzi di Sant’Agata (FdI) y otros parlamentarios que denunciaron las condiciones de detención de ambos —y de otros ciudadanos italianos—, solicitando su “liberación” (ni siquiera prevista en las órdenes de excarcelación) y el respeto de derechos indiscutibles, como atención médica y visitas consulares, incluyéndolos sin embargo entre los “presos políticos” recluidos en el país sudamericano.

Su primo, Americo De Grazia (también ex preso político), sostiene que Daniel y Carmelo son víctimas de extorsión por parte del contraespionaje militar: “Quieren obligarlos a firmar un documento en el que ceden su banco a Daniel Elarba (empresario cercano a la administración de Caracas, nota del editor)”.

El propio De Grazia admite que Elarba ya figuraría como “propietario” de ese banco, llamado Bancamiga. Otras fuentes sostienen que su permanencia en prisión es una “cuestión de dinero”. Es decir, la administración Rodríguez estaría pasando factura a “quienes deben dinero” a la estatal Petróleos de Venezuela. Esto ocurre con los De Grazia y también con otros connacionales, como Wilmer Ruperti, empresario cercano al chavismo, detenido hace algunas semanas.

Al momento de escribir esto, no consta que los dos hermanos hayan cedido al supuesto chantaje, cualquiera que sea la condición impuesta por Caracas. Y no sería solo una cuestión de orgullo. A través de Bancamiga y otras entidades, los De Grazia se habían convertido en los jefes del mercado cambiario venezolano, un sector neurálgico en la economía de Caracas, dada la fuerte demanda de inversores que utilizan el dólar estadounidense como refugio frente a la inflación (hoy en torno al 600%). Y ese ya era un beneficio importante, aunque secundario, si se compara con los petrodólares procedentes del tráfico ilícito de crudo, que pasaban de Bancamiga a otras entidades, se convertían en criptomonedas y terminaban en cuentas de la Compass Bank Corporation, ubicada en Dominica.

De ahí el nombre “Pdvsa-Cripto”, con el que la prensa bautizó el esquema de corrupción estimado en 23.000 millones de dólares. Todo comenzaba con un depósito de garantía. “Nadie podía hacer negocios con Pdvsa si no dejaba una fianza en Bancamiga”, cuenta el periodista de investigación Jorge Castro, quien denuncia una cadena de corrupción “bien estructurada” detrás de la cual estaban Samark López (conocido intermediario en Caracas) y el ex presidente de Pdvsa, Tareck El Aissami, también detenido en El Rodeo I. El dinero que correspondía a Caracas era reducido por comisiones y sobornos repartidos entre De Grazia, Samark, El Aissami y varios socios.

Además, Carmelo, que entonces era presidente de Bancamiga, recibía cargamentos de petróleo a 43 dólares por barril, que luego revendía a un precio mayor.

Todo esto utilizando el único recurso de un país en el que más del 80% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y que en ese momento afrontaba una grave escasez de alimentos y medicamentos.

Por otra parte, nunca se ha aclarado el repentino ascenso de Daniel, Carmelo y su hermano Levin en el sector petrolero, cuando antes estaban dedicados a la restauración, con al menos cinco negocios en Miami (Bocas, Francisca, Kitchen of the World, Laborejo y La Fontana).

Según Armando.info, ya en 2014 los hermanos De Grazia estaban en el punto de mira del Departamento de Estado por “actividad sospechosa” relacionada con 200 millones de dólares transferidos desde la casa de valores Intersecurities International Inc., a su nombre, al Continental Bank.

A la luz de estos datos, llama la atención la vehemencia con la que, también en el Senado, Casini afirmaba: “Que no nos vengan a decir que hay delitos financieros u otros, porque todos, incluso los niños de preescolar, saben que son excusas”. Y añadía: “El problema hoy no son los bancos de los que estos señores son legítimamente propietarios”. Más prudente fue Terzi di Sant’Agata, que se muestra incómodo al abordar el asunto Bancamiga: “Hay toda una historia detrás de esto que ni siquiera queremos tocar, un banco cuya trayectoria conocemos por lo que nos han contado y también por otras vías”.

Por otra parte, se ha lanzado una campaña a favor de los De Grazia que ya ha tenido impacto en Miami, epicentro de sus actividades empresariales. “Intentaron involucrarme”, confiesa un periodista venezolano a Ilfatto.it, que prefirió permanecer en el anonimato. “La colega que me lo propuso estaba visiblemente incómoda”. Y concluye: “Todos los presos tienen derechos esenciales, pero no podemos inventar que Danilo y Carmelo sean inocentes, ni llamarlos ‘presos políticos’”.

 

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