
Muy buenas tardes, distinguido presidente de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, distinguidos jefes de Estado, jefes de gobierno y de qdelegaciones.
He estado en este estrado en distintos momentos de mi vida como funcionaria. Primero como canciller, luego como vicepresidenta ejecutiva y ahora como presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela.
En todos estos momentos han sido motivo de reflexión los grandes temas, aspiraciones y preocupaciones de la humanidad: la paz, el desarrollo, la igualdad, la crisis climática, el libre comercio, seguridad energética y, más recientemente, la inteligencia artificial.
Sobre estos desafíos, Venezuela ha mantenido y mantiene líneas muy claras:
1. Su apego a la paz y el rechazo a la violencia; que sea el entendimiento y el diálogo sobre el conflicto. Creemos firmemente en el poder del entendimiento y el diálogo. Venezuela, que hoy sabe lo que es levantar a sus hijos de entre los escombros, extiende su solidaridad más profunda a todos los pueblos que sufren la guerra y reafirma, sin ambigüedades, que la paz —una paz justa, duradera, con dignidad para todas las partes— no es una aspiración ingenua, sino la única salida verdaderamente humana.
2. El desarrollo inclusivo con justicia social para mitigar la pobreza y aliviar el sufrimiento de cientos de millones de personas concentradas principalmente en el Sur Global. Sabemos que las sanciones socavan las libertades económicas, financieras y retardan el desarrollo humano.
3. Creemos en el respeto a los derechos de la naturaleza como única vía para la consagración de la vida humana.
4. De igual forma, el fracaso institucional del comercio global es evidente, porque ninguna nación puede prosperar bajo esquemas supranacionales que no promuevan la industria nacional y premien la deslocalización.
5. Por otro lado, la estabilidad internacional exige resolver el trilema energético: garantizar simultáneamente la seguridad en el suministro, precios asequibles y sostenibilidad ambiental. Promover cronogramas de descarbonización forzados es una amenaza directa a la seguridad alimentaria, el empleo y la producción. Debemos evitar colapsos industriales, quiebres productivos y costos energéticos insoportables para los pueblos. La seguridad energética se hace así imprescindible para el sostenimiento de la economía internacional y el desarrollo. Sin duda alguna, Venezuela juega y jugará un papel muy importante en esta fórmula internacional. Resalto así el reciente acuerdo binacional Estados Unidos-Venezuela como uno de los más grandes jamás suscrito y que contribuirá al equilibrio energético del hemisferio y de la economía internacional.
6. Mención aparte la inteligencia artificial, que supone una verdadera revolución tecnológica. Estamos en presencia de un hito de transformación de la humanidad, que bien empleada significará un desarrollo sin precedentes en la salud, en el ambiente, en los procesos productivos y en la vida en general de los seres humanos. Los gobiernos, los sectores tecnológicos, la comunidad científica tenemos la inmensa responsabilidad de no desviar el propósito constructivo y vital de la IA en beneficio de los ciudadanos, así como de no profundizar la brecha y la desigualdad digital en el mundo.
7. No puedo dejar de mencionar en este espacio, sede de la legalidad internacional, nuestra reafirmación de los históricos derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba, y el llamado a la República Cooperativa de Guyana a resolver y volver a las negociaciones tal como lo ordena el acuerdo de…
(Corte de audio en la grabación)
…de Medio Oriente, así como a todo el sistema de las Naciones Unidas que brindaron su solidaridad al pueblo venezolano durante las horas más oscuras causadas por el doble terremoto. Allí se sintió el verdadero espíritu fundador de esta organización.
Hoy vengo a esta Asamblea como una hija más de Venezuela a presentar las aspiraciones de un país que busca construir su propio destino luego de conflictos políticos, en medio de bloqueo económico que impactó el modelo de desarrollo, inclusión e igualdad. Durante demasiado tiempo fuimos un país dividido entre trincheras, donde el color de una bandera partidista pesaba más que el apellido común que todos compartimos: venezolanos y venezolanas.
Esta etapa debe cerrarse para dar inicio a un nuevo tiempo político basado en la verdad, la justicia y la capacidad de mirar hacia adelante juntos y encontrar en el diálogo político respetuoso un espacio genuino para dirimir las diferencias que como venezolanos tenemos, buscando siempre un horizonte a favor del país.
Me complace anunciar que Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su renacer, un proceso ordenado, institucional y verificable para construir un país más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo. Un proceso de cambio político, económico, espiritual, de reformas estructurales para el renacer de Venezuela, para el renacer de nuestra nación, para el renacer de nuestro pueblo. Se trata de construir un país donde nadie tenga que ganar desconociendo al otro, porque todos —especialmente los jóvenes que apenas empiezan su socialización política— somos Venezuela. Tenemos que aspirar a una Venezuela cuya clase política esté íntimamente comprometida con los intereses nacionales por encima de cualquier cosa y no esté secuestrada por algoritmos mediáticos.
Conozco muy bien a Venezuela; agradezco a Dios la oportunidad que me ha brindado para conocer los espacios institucionales en distintos sectores de la vida pública. Sé dónde están las puertas que se deben abrir para la transformación profunda de Venezuela y para la edificación de nuevas bases para una economía al servicio del desarrollo nacional, de una justicia cabal para todos sin distingo de clase social o política, y de consolidar un sistema de justicia e igualdad social como lo concibió nuestro Padre Libertador Simón Bolívar.
Quiero que de los escombros de la división levantemos los cimientos de una república nueva, plural, profundamente espiritual y en paz consigo misma, pero también en paz con un mundo que lamentablemente cada día está menos integrado. La historia nos ha enseñado que algunas de las transiciones democráticas más sólidas del mundo contemporáneo no nacieron de la ruptura, sino de la transformación conducida con firmeza desde las propias instituciones. Esa es la inspiración: no la reproducción de una historia ajena ni pasada, sino el aprendizaje de una idea universal. La legalidad puede ser el camino hacia una legalidad mejor.
Una nación no renace solamente reconstruyendo edificios. Renace cuando reconstruye la confianza en sus instituciones. Por eso quiero anunciar y reafirmar con precisión ante ustedes los pilares de este proceso:
* Primero: Una reforma jurídica ordenada. Venezuela ha emprendido un proceso de revisión institucional para fortalecer el funcionamiento del Estado y poder brindar la seguridad jurídica que no solo los inversionistas nacionales e internacionales necesitan, sino también nuestros ciudadanos, que no se sientan atropellados por un poder arbitrario, sino que esté a su servicio. La reforma de la justicia y de su sistema es impostergable.
* Segundo: Ejercicio responsable y pleno de condiciones reales de participación para todas las fuerzas políticas del país. La democracia no se mide por la existencia de elecciones; la democracia se mide por la calidad de la competencia que precede a esas elecciones. Una elección debe ser una solución, no un generador de conflictos irreconciliables. Quiero decirlo muy claro en esta Asamblea General: en Venezuela habrá elecciones. Y en esa dirección hemos iniciado un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca a un proceso en igualdad de condiciones para todos. El pueblo venezolano, con su sabiduría ancestral, determinará el momento correcto y sus instituciones estarán preparadas para garantizar ese proceso inclusivo y transparente, un país que no esté sometido a restricciones económicas de ningún tipo para que se garantice su derecho al desarrollo. El resto y las reacciones espasmódicas de adentro y de afuera forman parte del espectáculo que ya no quieren ver los venezolanos.
Venezuela definitivamente debe abandonar el camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica. Y allí pido el acompañamiento de la comunidad internacional para que respalden de buena voluntad los cambios que Venezuela necesita desde el respeto a la autodeterminación de mi país. Venezuela quiere respirar libre, ejercer sus derechos como nación soberana sin ningún tipo de intromisión, una Venezuela admirada y respetada.
Vengo a asumir hacia adelante una responsabilidad histórica: la de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una etapa de democracia plena, reconocida por su propio pueblo y por el mundo, una nueva etapa de bienestar para el renacer de Venezuela.
A mi pueblo amado le digo: este no es el final de un discurso, es el comienzo de un compromiso. A la comunidad internacional le digo: Venezuela está lista para caminar de la mano de quienes crean en una relación internacional respetuosa, sin intromisiones ni prejuzgamientos. A los jóvenes que han crecido viendo un país fracturado y que muchas veces decidieron partir buscando lo que en nuestro país no encontraban, les digo que vale la pena creer de nuevo. Este es el momento de construir el país al que muchos quieran regresar y no solamente aquel del que muchos quisieron huir. Y a cada venezolano que hoy, en medio de la pérdida material o humana que dejó el terremoto, se pregunta si vale la pena seguir de pie, les respondo que sí. Que la fuerza de este pueblo no se mide en los momentos fáciles, sino precisamente en los momentos como este, que de cada catástrofe que hemos vivido como nación siempre hemos salido más unidos de lo que estábamos antes de que ocurriera.
Venezolanos, no prometo un camino fácil. La recuperación del país tomará un tiempo; la reconstrucción del alma nacional será nuestra prioridad. Caminaremos unidos como una so…
(Corte breve de audio)
…sea de ahora en adelante nuestra bandera más grande para mostrar al mundo y para mostrar de lo que somos capaces los venezolanos de bien, dignos y con moral histórica para seguir adelante. Muchas gracias.
