

Redacción: La Tabla/ Plataforma de Periodismo de Datos. 19 AGO 2026
El gobierno venezolano firmó este martes 19 (ayer ) un contrato de participación productiva con la estadounidense Hunt Oil Company para desarrollar los campos de petróleo y gas Caro y Carisito, en el oriente del país, en el marco de la apertura a la inversión extranjera impulsada tras la captura (y secuestro ) del presidente Nicolás Maduro en enero pasado.
El acuerdo, suscrito en Houston con la bendición de altos funcionarios de la administración Trump, marca el regreso de una de las dinastías petroleras más polémicas del siglo XX: la misma que inspiró al maquiavélico magnate J.R. Ewing de la serie Dallas y que acumula un historial de operaciones en zonas de guerra, derrames en la Amazonía peruana y vínculos directos con la cúpula de inteligencia de la Casa Blanca.
La ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, calificó a Hunt Oil como “una empresa de reconocida trayectoria” y aseguró que el convenio permitirá “apuntar a la recuperación de producción” de los campos Caro y Carisito. La delegación venezolana, que incluyó al viceministro de Geopolítica, Eduardo Ramírez, y al vicepresidente ejecutivo de Pdvsa, Jovanny Martínez, participó en un foro junto al subsecretario de Energía estadounidense, Kyle Haustveit. Horas antes, el presidente Donald Trump había calificado la relación bilateral como “excelente”.
Pero la historia de Hunt Oil dista mucho de ser un simple capítulo de cooperación energética. Su CEO, Ray L. Hunt, fue designado en dos ocasiones para la Junta Asesora de Inteligencia Extranjera del Presidente (PFIAB), un cuerpo de élite con acceso a información clasificada de alto nivel. En 2007, mientras ocupaba ese cargo, su compañía firmó un contrato de exploración con el Gobierno Regional de Kurdistán, en el norte de Irak, sin que existiera una ley federal de hidrocarburos y en contra de la política oficial de la administración Bush. Una investigación del Congreso estadounidense reveló que altos funcionarios del Departamento de Estado no solo estaban al tanto de las negociaciones, sino que las alentaron. El congresista Dennis Kucinich calificó entonces el episodio como “moralmente depravado”.
El rastro ambiental de la compañía en América Latina es igualmente cuestionable. En Perú, Hunt fue accionista mayoritario del megaproyecto Camisea, donde el oleoducto sufrió al menos cuatro derrames de miles de barriles de gas licuado en solo quince meses de operación, afectando a comunidades indígenas de la Amazonía. En 2005, el gobierno peruano amenazó con revocar la concesión de la empresa. Más recientemente, una investigación periodística reveló que la planta de exportación de gas que opera Hunt en Perú ha emitido sin autorización 55,5 millones de metros cúbicos de gases de efecto invernadero durante más de una década.
Venezuela, al abrirle la puerta a Hunt Oil, no solo contrata capital y tecnología. Recibe a una empresa que ha demostrado una y otra vez su capacidad para sortear marcos legales, operar en zonas de conflicto con el guiño de Washington y dejar una huella ambiental y social difícil de borrar. La firma de este contrato no es un hecho aislado: es la llegada del manual del verdadero J.R. Ewing a la Faja del Orinoco.
Referencia: Este perfil corporativo de Hunt Oil fue publicado originalmente por La Tabla/Plataforma de Periodismo de Datos el 3 de mayo de 2026, tras la firma de la carta de intención entre Pdvsa y la compañía estadounidense.
