Noticias Candela - Informe 25 por Jorge Castro
la de Trump en Washington y la de Rodríguez en Caracas. – La Tabla Blog

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Mientras olvida su participación en la cleptocracia de Juan Guaidó

Los datos de Hausmann en su artículo «La violación de Venezuela» son ciertos: no hay auge, los petrodólares no aparecen y la opacidad es el diseño de una alianza entre dos élites. Pero su indignación moral oculta un hecho incómodo: él mismo fue parte de una cleptocracia similar durante el fallido interinato de Juan Guaidó. Su invitación final a los “cleptócratas del mundo a unirse” suena entonces como una autoinvitación a la misma fiesta que hoy denuncia.

Redacción: La Tabla/ Plataforma de Periodismo de Datos 03 JUN 2026

El economista venezolano Ricardo Hausmann ha publicado en Project Syndicate un artículo que lleva el deliberadamente brutal título de “La violación de Venezuela”. Allí denuncia con datos contundentes la alianza entre el gobierno de Donald Trump y el régimen de Delcy Rodríguez para saquear el petróleo venezolano en medio de una opacidad absoluta.

La tesis central es certera: no hay auge económico. A pesar de que la producción petrolera creció de 908.000 a 1,03 millones de barriles diarios, el bolívar se ha depreciado más del 70%, el dólar paralelo cotiza con una prima del 32% por encima del oficial y la inflación se acelera.

La pregunta que Hausmann repite —¿dónde están los petrodólares?— es irrefutable. Y su diagnóstico sobre la opacidad como dispositivo de poder compartido entre dos élites profundamente corrompidas es una contribución valiosa al análisis de la tragedy venezolana.

Sin embargo, el artículo contiene una omisión tan elocuente como reveladora: Ricardo Hausmann no menciona su propio papel como actor central de la cleptocracia que operó durante el fallido interinato de Juan Guaidó.

En marzo de 2019, Guaidó lo designó “Gobernador principal de Venezuela” ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), nombramiento que fue aprobado por los gobernadores de la institución. Hausmann ya había sido ministro de Planificación en los años 90, economista jefe del BID entre 1994 y 2000 y miembro del directorio del Banco Central de Venezuela.

Su perfil académico en Harvard es impecable. Pero lo que no dice es que ese gobierno interino que él representó ante los organismos multilaterales fue señalado reiteradamente por actos de corrupción y manejo irregular de los activos venezolanos en el exterior.

El diario The Washington Post publicó en 2021 una investigación que vinculaba al círculo de Guaidó con una presunta trama de corrupción en Estados Unidos, con implicados que habrían malversado fondos vinculados a la recuperación de activos venezolanos.

Funcionarios designados por Guaidó fueron acusados de gestionar contratos opacos, comisiones millonarias y un manejo irregular de los recursos incautados a PDVSA. La Asamblea Nacional controlada por la oposición debió abrir una investigación interna que reconoció “irregularidades administrativas” en esos tratos.

Hausmann, que hoy denuncia con crudeza la falta de transparencia del gobierno de Rodríguez y el “Consejo Nacional de Dominación Energética” de Trump, nunca ha tenido la misma exigencia de rendición de cuentas para con la administración que él mismo representó.

Además, Hausmann fue un actor activo en el diseño del llamado “plan para la mañana siguiente”, una hoja de ruta económica que proponía una apertura masiva del sector petrolero a operadores privados, créditos del FMI y del Banco Mundial, y una reestructuración de la deuda que beneficiaba a los fondos buitre.

Es decir, no solo fue un delegado del interinato, sino uno de sus principales ideólogos económicos. Su indignación actual contra la opacidad del nuevo régimen resulta, cuando menos, paradójica.

La frase con la que cierra su artículo —“Únanse, cleptócratas del mundo”— es una broma involuntaria. Porque el propio Hausmann ha sido, y sigue siendo, parte de esa misma cleptocracia: primero, como ideólogo de un gobierno interino señalado por la desaparición de miles de millones de dólares en activos venezolanos en el exterior; ahora, como denunciante privilegiado de un saqueo del que fue excluido. Los datos de su artículo son ciertos.

La opacidad que denuncia es real. Pero su indignación moral oculta un hecho incómodo: no hay un bando bueno en esta historia. Hay dos facciones de una misma élite —una con sede en Caracas, otra que operó desde Washington y las capitales europeas— que se han disputado el botín venezolano.

Y Ricardo Hausmann, desde su atalaya en Harvard, es un testigo privilegiado de ese reparto que también fue, en otro momento, uno de sus actores principales.


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