Noticias Candela - Informe 25 por Jorge Castro
Jefes del Comando Sur de EE.UU. y del Estado Mayor del ejército cubano se reunieron en perímetro de la base naval gringa en la bahía de Guantánamo – La Tabla Blog

Jefes del Comando Sur de EE.UU. y del Estado Mayor del ejército cubano se reunieron en perímetro de la base naval gringa en la bahía de Guantánamo – La Tabla Blog

En las redes sociales de los dos componentes militares se usó la misma fotografía del encuentro

Redacción: La Tabla Plataforma de Periodismo de Datos 29 MAY 2026

El 29 de mayo de 2026, por acuerdo de ambas partes, se produjo una reunión entre el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis L. Donovan, y el viceministro primero jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba, general de cuerpo de ejército Roberto Legrá Sotolongo. El encuentro tuvo lugar en el perímetro divisorio del enclave militar estadounidense en la Base Naval de la Bahía de Guantánamo, en territorio cubano.

El encuentro reviste un carácter extraordinario. Según reportes de prensa internacional, se trata de la primera vez en la memoria reciente que un jefe del Comando Sur se reúne con altos oficiales de las FAR en territorio cubano. Ambas delegaciones calificaron el encuentro de positivo y abordaron temas vinculados con la seguridad en torno al perímetro divisorio del enclave militar, acordando mantener la comunicación entre ambos mandos.

El general Donovan, quien asumió el mando del Comando Sur el 5 de febrero de 2026, realizó también una evaluación de seguridad del perímetro de la base naval y discutió sobre la protección de la fuerza, la seguridad de los miembros del servicio y sus familias, así como la preparación operacional con los oficiales de la base, según informó el Comando Sur.

Un siglo de ocupación en tierra cubana

La presencia militar estadounidense en Guantánamo se remonta a la guerra hispano-cubano-estadounidense de 1898. Fue entonces cuando 600 infantes de marina estadounidenses desembarcaron en la bahía, que luego sería ocupada formalmente. El 23 de febrero de 1903, el presidente Theodore Roosevelt firmó un acuerdo de arrendamiento con el gobierno de la entonces recién creada República de Cuba, mediante el cual Estados Unidos tomó en arriendo 45 millas cuadradas de tierra y aguas por un canon anual de 2.000 dólares en oro.

El tratado fue impuesto bajo la Enmienda Platt, incluida en la Constitución cubana de 1901 bajo presión militar estadounidense, que facultaba a Washington a intervenir en los asuntos internos de la isla y a establecer bases navales. En 1934, tras la derogación de la Enmienda Platt, ambos países firmaron un nuevo Tratado de Relaciones que ratificó el arrendamiento perpetuo de la base, condicionando su devolución a la voluntad conjunta de ambas partes.

Para Cuba, la presencia de la base constituye una violación de su soberanía territorial. El gobierno revolucionario, desde su triunfo en 1959, ha denunciado reiteradamente la ilegalidad de este enclave, que considera fue impuesto bajo coacción y viola el derecho internacional. El comandante Fidel Castro calificó alguna vez la base como “un puñal clavado en el corazón del territorio cubano”. Cuba ha rechazado sistemáticamente el pago del alquiler anual, que Washington deposita en un banco suizo sin que La Habana lo cobre.

La base naval ha tenido diversos usos a lo largo del siglo XX y XXI: desde centro de entrenamiento de la flota norteamericana hasta prisión de alta seguridad para detenidos de la llamada “guerra contra el terrorismo”, instalación donde se han denunciado violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

El contexto del encuentro no puede obviarse. En los últimos meses, la administración Trump ha incrementado la presión contra Cuba. En enero, Trump advirtió que “Cuba es la próxima”, luego de las operaciones militares estadounidenses en Venezuela, y ha impuesto un bloqueo de combustible que ha provocado apagones y desabastecimiento en la isla. En los días previos a la reunión circularon informes de inteligencia sobre una supuesta adquisición de drones por parte de Cuba con ayuda de Rusia e Irán, lo que fue desmentido por las autoridades cubanas.

Pese a este clima, tanto Washington como La Habana han mantenido canales de diálogo durante 2026, aunque la canciller cubana, Bruno Rodríguez, declaró el mismo día de la reunión que los diálogos bilaterales atraviesan por “falta de avances”.

Dos narrativas, dos plazas

Un dato significativo es el orden en que ambas partes difundieron la información. La cuenta oficial en Instagram del Comando Sur (ussouthcom) fue la primera en reportar el encuentro. Minutos después (o dentro de las mismas horas), la cuenta oficial en Facebook del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar Cuba) publicó su versión, aproximadamente dos o tres horas más tarde que la publicación estadounidense. Este desfase refleja la tensa coreografía diplomática entre ambos países.

Esta diferencia en los tiempos de reacción refleja la tensa coreografía diplomática entre ambos países, que mantienen relaciones interrumpidas a nivel de embajadores desde 1961.

La reseña del encuentro presenta elementos convergentes y divergentes. Ambas partes coinciden en calificar el encuentro como positivo y en la necesidad de mantener la comunicación. Sin embargo, mientras la versión estadounidense enfatiza la seguridad operacional y la “protección de la fuerza” en una base que presenta como un centro logístico “vital para contrarrestar amenazas a la seguridad y la democracia en el hemisferio”, la versión cubana subraya el carácter de “acuerdo entre ambas partes” y el abordaje de “temas vinculados con la seguridad en torno al perímetro divisorio del enclave militar”, omitiendo cualquier calificación sobre la naturaleza de la base.

Lo que resulta notable es que esta narrativa contrasta con el lenguaje confrontacional mantenido por el gobierno cubano durante los últimos cuatro o cinco meses, en los que ha denunciado reiteradamente las amenazas de Washington y acusado a Estados Unidos de fabricar pretextos para una agresión. La reunión de alto nivel sugiere que, tras bambalinas, la comunicación militar nunca se ha interrumpido del todo —y que, en medio de la tormenta diplomática, ambos bandos parecen coincidir en la necesidad de evitar una escalada incontrolable en el terreno.

El general Legrá Sotolongo, quien fuera “sancionado” por Washington en 2021 bajo la Ley Global Magnitsky, es la segunda máxima autoridad militar de Cuba, solo por debajo del ministro de las FAR, general de cuerpo de ejército Álvaro López Miera.


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