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Geopolítica y comercio ilegal por Juan Carlos Buitrago

Hay años que marcan inflexiones en las historias. 2026 es uno de ellos. No porque de repente haya aparecido el comercio ilegal en Latinoamérica, sino porque las fuerzas que lo alimentan no tienen precedentes. Las guerras arancelarias, la agresividad exportadora de China, la nueva doctrina hemisférica de Estados Unidos, el fortalecimiento del crimen organizado transnacional, la corrupción y la fragilidad institucional, se han fusionado en un caldo de cultivo inesperado. Lo que antes era una falla de cumplimiento aduanero hoy es, en muchos casos, una herramienta deliberada dentro de estrategias geoeconómicas de Estado, que paradójicamente, abren una peligrosa compuerta a los sistemas de economía criminal.

Y lo que más preocupa no es el volumen del contrabando, ni la cantidad de incautaciones. Es la normalización. Las economías criminales, que rivalizan con el PIB de varias naciones de la región. Se estima que el comercio ilegal representa el 3% de la economía global y el 27% de los ilícitos en Ecuador. Estos no son nichos marginales, son mercados masivos capturados por mafias que operan con mayor eficiencia logística que muchas empresas formales. Cuando la informalidad y la ilegalidad se convierten en norma, el problema deja de ser policial, es una estructura.

La guerra comercial entre China y Estados Unidos tiene efectos que pocos anticiparon, convirtiendo Latinoamérica en campo de batalla de una disputa que ya no se libra con balas sino con contenedores. China, atrapada en una deflación severa, vuelca su exceso de producción hacia nuestra región a precios que la industria local simplemente no puede competir, ocurre con el calzado en México, la cerámica en Perú, el aluminio, la agroindustria y los scooters en Colombia. Industrias enteras están siendo diezmadas, mientras el flujo masivo de manufactura las aplasta y facilita el tráfico de productos falsificados y de contrabando.

A esto se suma una amenaza que evoluciona más rápido que nuestra capacidad de respuesta: la digitalización criminal. La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta del sector formal, “emprendedores del crimen” la usan para falsificar documentos aduaneros, crear plataformas de e-commerce ilegal y homologar la cadena de comercio electrónico formal con productos falsificados a escala industrial. El 96% de las farmacias ilegales ya opera fuera de la ley y el 50% de las medicinas que se comercializan por internet son adulteradas. Los mercados populares tradicionales como Tepito en México, La Terminal en Guatemala, La Salada en Argentina, Los San Andresitos en Colombia, entre otros, hace años escalaron al entorno digital.

En Colombia y Perú, la minería criminal ya compite con el narcotráfico como fuente de financiamiento de grupos armados. El oro, el coltán y el estaño, minerales de la transición energética global, se han convertido en el nuevo petróleo del crimen, mientras que la Amazonía enfrenta una seria amenaza. Y el mercurio traficado desde México, también silenciosamente hacia las hidrografías de toda América Latina, ha crecido de forma alarmante.

Por otro lado, este 3 de enero con la captura de un dictador Nicolás Maduro, se marca un punto de ruptura en la frontera con Venezuela. Las redes criminales sienten pasos de animal gigante y se desplazan hacia el vecindario. Colombia, Ecuador, Costa Rica, Panamá con marcada injerencia del Tren de Aragua y el cartel Jalisco Nueva Generación, se disputan los mercados ilegales y el control de pasos fronterizos terrestres y marítimos con otras bandas criminales. Las rutas cambian, los actores se adaptan, pero la mercancía ilegal sigue fluyendo, y la violencia en ciudades portuarias se incrementa por encima del 40% en Latam & Caribe.

La respuesta a estos desafíos es integral, regional, sin fronteras y no puede ser aislada absoluta. Los riesgos son inminentes para el 2026, así lo establece la Central de Investigación, Monitoreo y Análisis del Comercio Ilícito CIMA, en un ejercicio realizado con rigurosidad técnica y aporte de expertos.

El exceso de proteccionismo y las regulaciones inapropiadas conllevan consecuencias perversas, crean espacios al comercio ilegal, a la evasión fiscal y al lavado de dinero. Para citar un ejemplo, la proscripción de vapeadores y cigarrillos electrónicos en México generó un mercado clandestino generalizado que mueve millones de dólares en asocio con el narcotráfico. Además de la necesaria cooperación entre inteligencia financiera, aduanas, la justicia y el sector privado, es imperativo intervenir los puertos, atacar la corrupción y educar al consumidor, que bien o mal intencionado, contribuye a robustecer el crimen organizado.

Por ahora, la iniciativa de Trump, creando la alianza “Escudo de las Américas”, con 17 mandatarios del hemisferio, es una medida en la dirección correcta. No obstante, la ausencia de los protagonistas más relevantes en la lucha contra el narcotráfico, Colombia, México y Brasil, países que afrontarán con severidad las consecuencias negativas del efecto globo, una vez se intensifiquen las acciones militares en sus territorios vecinos, países miembros de la alianza. El blindaje de las fronteras debe ser inminente.

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