
Redacción: La Tabla/Plataforma de Periodismo de Datos 1 MAR 2026
En medio del sabotaje petrolero de 2003, con Venezuela paralizada por huelgas y actos de desestabilización promovidos desde Estados Unidos, el presidente Hugo Chávez recurrió a aliados estratégicos para importar gasolina por primera vez en su historia. Irán respondió con una delegación de alto nivel.
Al concluir las negociaciones, el jefe de la misión iraní preguntó a Chávez si tenía un mensaje para el Ayatolá Alí Jamenei, Líder Supremo de Irán. La respuesta, relatada por el embajador iraní en Venezuela, Hoyatolá Soltani, en entrevista con khamenei.ir, quedó grabada en la memoria de quienes la presenciaron.
Chávez tomó las manos del representante iraní, llevó su puño al pecho y dijo: «Dígale: si pudiera sacar mi corazón y dárselo como regalo, lo haría definitivamente».
La frase, más que un gesto protocolar, sintetizó el tono de una alianza que trascendía lo diplomático: dos gobiernos bajo presión imperial, construyendo resistencia desde la confianza personal entre sus líderes.
Dos décadas después, con el fallecimiento oficial de Jamenei en febrero de 2026, el relato recobra vigencia. No como anécdota, sino como testimonio de cómo se forjó un eje político basado en convicciones compartidas: soberanía, antiimperialismo y la certeza de que la resistencia era —y sigue siendo— la única opción frente a la amenaza constante.
«Aún me queda en la mente, después de casi 20 años», reconoció Soltani. Para analistas de ambos países, esa imagen —Chávez con la mano en el corazón— resume el lenguaje emocional que sostuvo la cooperación Irán-Venezuela más allá de sanciones, bloqueos y cambios generacionales.
El mensaje fue entregado. La alianza, también.

