
La localización exacta está en una franja de la costa occidental del extremo norte del Golfo de Venezuela. Se trata de un área con antecedentes históricos de contrabando desde el periodo colonial

El cruce de datos oficiales, operativos antidrogas recientes e inteligencia de fuentes abiertas y reservadas permite ubicar con precisión el blanco del ataque militar estadounidense en Venezuela: una franja costera en el límite entre Colombia y Venezuela, específicamente en el sector occidental del Golfo de Venezuela, entre Puerto López (Colombia) y la comunidad de Poshoure (estado Zulia).
Este punto no es aleatorio; responde a un patrón histórico de tráfico ilícito y a evidencias documentadas de embarques de cocaína en los últimos meses.


Restos de guerra en las playas
A principios de noviembre de 2025, un estruendo rompió la quietud de una tarde sin viento en la costa de La Guajira colombiana. Segundos después, columnas de humo negro se elevaron desde el mar, como si el horizonte estuviera en llamas. Lo que los residentes locales presenciaron y grabaron con sus teléfonos fue el primer registro visual independiente de las secuelas de un ataque aéreo de la campaña estadounidense.
Dos días después, el mar arrastró a la orilla, cerca de Puerto López, pruebas tangibles de lo ocurrido:
· Una embarcación calcinada de 30 metros de largo.
· Dos cuerpos humanos destrozados.
· Bidones carbonizados, chalecos salvavidas y decenas de paquetes vacíos, cuyos forros contenían restos de una sustancia con olor a marihuana.
Este hallazgo, verificado in situ por periodistas de The New York Times, constituye la primera prueba física pública de una campaña que, según datos militares estadounidenses, había destruido al menos 29 embarcaciones y causado más de 100 muertes en el Caribe hasta esa fecha.
Un patrón histórico: Puerto López y la Sombra del «Almirante Padilla»
La campaña, bautizada como «Lanza del Sur», dio un giro escalador a finales de diciembre. El presidente Donald Trump anunció que fuerzas estadounidenses habían atacado «la zona del muelle donde cargan los barcos con drogas» en Venezuela, refiriéndose a una «gran instalación» o planta a lo largo del litoral. Este anuncio validó reportes previos del New York Times que detallaban un ataque con drones ejecutado por la CIA contra una instalación portuaria venezolana, descrita como un muelle utilizado para almacenar y embarcar narcóticos.
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Un patrón histórico: Puerto López y la sombra del «Almirante Padilla»
La elección del blanco no es circunstancial. La zona costera entre Puerto López (Colombia) y Poshoure (Venezuela) es heredera directa de una larga historia de tráfico ilícito.
El propio Puerto López fue el primer «puerto libre» de contrabando de Colombia, un epicentro de comercio ilegal que solo fue desmantelado en 1954 por una operación de la Armada colombiana.
El buque «Almirante Padilla» arribó entonces al puerto, confiscó toda la mercancía de contrabando y dejó el lugar en ruinas, un evento que quedó inmortalizado en la memoria cultural a través del vallenato del compositor Rafael Escalona.
Paralelismos históricos clave:
· Misma geografía: La misma red de bahías someras, manglares intrincados y costa despoblada que facilitó el contrabando de telas y licores es hoy usada para el narcotráfico.
· Misma lógica militar: En 1954, el Estado colombiano desplegó su principal activo naval para destruir la infraestructura logística del contrabando. En 2025, el Estado estadounidense emplea su tecnología más avanzada (drones) para destruir la infraestructura logística del narcotráfico en la misma región.
· Actividad reciente documentada: Operativos venezolanos en Poshoure (febrero de 2025) han incautado cargamentos de cocaína y embarcaciones rápidas ocultas en manglares, demostrando que esta franja costera sigue siendo un nodo activo para el embarque de drogas hacia el Caribe.
Conclusión: un blanco con historia
El ataque estadounidense en Venezuela no ocurrió en un lugar cualquiera. Las coordenadas apuntan a una franja específica en el extremo norte del Golfo de Venezuela, un punto donde convergen la evidencia física reciente (restos de embarcaciones calcinadas), las declaraciones oficiales de alto nivel y un pasado histórico que convirtió la zona en un objetivo lógico. Setenta años después de que el «Almirante Padilla» acabara con el puerto libre de contrabando, la «guerra contra las drogas» repite la estrategia: atacar y destruir el enclave logístico desde donde el tráfico ilícito ha operado por generaciones. La historia, en La Guajira, parece condenada a repetirse.
Nota: Este análisis se basa en el cotejo de fuentes oficiales, reportes de prensa internacional verificada y datos históricos documentados. Se ha evitado deliberadamente incorporar narrativas políticas especulativas o no verificadas, centrándose en la ubicación geográfica y los hechos comprobables.

