
Mientras en enero la CIA filtró imágenes que exponían y ridiculizaban a la delegación venezolana, en febrero el Comando Sur suprimió por completo el rostro de sus interlocutores. Dos estrategias, un mismo objetivo: controlar la narrativa.
Redacción : La Tabla / Plataforma de Periodismo de Datos
19 FEB 2026
La primera visita de un jefe del Comando Sur a Venezuela en 26 años dejó una paradoja visual: hay fotos del visitante, pero no del visitado. El general Francis Donovan aparece en el aeropuerto de Maiquetía, sonriente junto a la embajadora Laura Dogu. Aparece también en el interior de la embajada, reunido con el personal militar que resguarda la sede. Lo que no existe —al menos en el registro público— es una sola imagen de Donovan sentado frente a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, o estrechando la mano de los ministros Padrino López y Diosdado Cabello.

La ausencia no es casual. Es la segunda fase de una estrategia de control narrativo que ya había tenido un ensayo en enero.
Enero: la exhibición humillante
El 15 de enero, el director de la CIA se reunió con Delcy Rodríguez bajo un pacto de silencio que la Agencia rompió al día siguiente. Los sobres con fotografías que distribuyó a medios selectos no eran neutrales: mostraban a la presidenta encargada de cuerpo entero, de pies a cabeza, dejando ver que calzaba zapatos deportivos que no combinaban con el traje formal que había lucido horas antes en la Asamblea Nacional. Otra imagen capturaba al jefe de su guardia presidencial en gestos de simpatía excesiva con el funcionario estadounidense.
Las fotos, técnicamente impecables, fueron tomadas por profesionales al servicio de la CIA. El mensaje era claro: «Nosotros controlamos el ángulo, el encuadre y el momento. Y podemos hacerlos quedar mal.»
Febrero: la desaparición
Ayer, el mecanismo fue distinto. No hubo filtraciones a medios. No hubo sobres. La Embajada y el Comando Sur publicaron fotos, pero ninguna incluía a los venezolanos. Donovan aparece solo o con su equipo. Delcy Rodríguez, Padrino y Cabello fueron borrados del encuadre.
Donde en enero hubo exhibición, en febrero hay supresión. Donde hubo ridiculización, ahora hay silencio visual. La diferencia es reveladora: si en enero se trataba de mostrar debilidad, en febrero se trata de negar existencia. La delegación venezolana no solo careció de un relato sólido —su comunicado, vago y publicado antes de la reunión, quedó desactualizado— sino que careció también de imagen. Sin palabras y sin rostro.
Dos comunicados, dos tiempos, un ganador
El gobierno venezolano difundió su versión antes del encuentro: una agenda operativa contra narcotráfico, terrorismo y migración. El Comando Sur publicó la suya después: menciona el «plan de tres etapas de Trump» y el objetivo de «facilitar la orientación de Venezuela hacia EE.UU.».
Mientras el comunicado venezolano —vago y previo— quedó obsoleto, el estadounidense se convirtió en la versión de referencia para la prensa internacional. Y lo hizo acompañado de imágenes que humanizaban al visitante, mientras el interlocutor local permanecía fuera de cuadro.
La asimetría como estrategia
Lo de ayer no fue un descuido logístico. Fue una decisión deliberada: Estados Unidos controló no solo lo que se dijo, sino lo que se vio. Y al controlar lo que se vio, controló también lo que se recordará de esta reunión histórica.
En enero, mostraron a Venezuela para exponerla. En febrero, la borraron para neutralizarla. Dos caras de la misma moneda: el poder de quien maneja la cámara.
La primera reunión del siglo entre un jefe del Comando Sur y una presidenta venezolana terminó como empezó: con Washington marcando el paso. También en las palabras. También en las fotos. También en lo que decide mostrar y lo que decide ocultar.

