

El encargado de negocios John Barrett, exejecutivo de PepsiCo, fue la cara visible de una campaña que ahora lo lleva a Venezuela, donde se espera que repita la fórmula.
Redacción: La Tabla/Plataforma de Periodismo de Datos. 15 ABR 2026
La decisión de Guatemala de mezclar etanol en su gasolina a partir de julio no nació de una reflexión técnica soberana. Es la ejecución de un plan orquestado desde Washington, donde el lobby de los productores de biocombustibles (RFA, USGC) y el Departamento de Agricultura de EE.UU. usaron la red diplomática centroamericana como correa de transmisión.
Un Acuerdo de Comercio Recíproco ata a Guatemala: no solo impone la mezcla E10, sino que la obliga a comprar al menos 50 millones de galones anuales de etanol estadounidense. Cualquier alternativa local o brasileña queda bloqueada.
John Barrett, Encargado de Negocios de la embajada en Guatemala desde enero de 2026, fue el ejecutor visible. Su perfil no es el del diplomático de carrera: antes ocupó cargos ejecutivos en PepsiCo, gigante de la industria alimentaria. En pocos meses, Barrett se reunió con la cúpula empresarial guatemalteca para impulsar la medida y recordar los compromisos adquiridos. La embajada difundió la campaña como si fuera una promoción comercial privada.
El mismo guion se replica en El Salvador, Panamá y Costa Rica: el USDA financia, el lobby presiona y las embajadas ejecutan.
Ahora Barrett ha sido trasladado a Venezuela. La pregunta es inevitable: ¿qué negocio promoverá allí con el apoyo de otro lobby exportador estadounidense? Mientras tanto, Guatemala ya paga el precio de una política energética diseñada en Iowa y en las oficinas de PepsiCo.

