
Redacción: La Tabla/ Plataforma de Periodismo de Datos 2 OCT 2026
Las sanciones que Estados Unidos impuso al aluminio ruso y las que mantuvo durante años contra Venezuela terminaron por distorsionar su propio mercado de aluminio, el mismo que ahora busca abastecerse con metal venezolano.
El lado ruso. En abril de 2024, Washington prohibió la importación de aluminio de origen ruso producido después del 13 de ese mes. La medida se sumó a un arancel del 200% vigente desde marzo de 2023, que ya había reducido las compras de aluminio ruso de 192.000 toneladas en 2022 a apenas 16.900 en 2023. Rusia era una fuente segura y abundante: Rusal producía 3,85 millones de toneladas anuales.
El efecto en el mercado. La Prima del Medio Oeste —el sobreprecio que pagan los consumidores estadounidenses por encima del precio del LME— rompió el umbral de 1 dólar por libra en enero de 2026 y alcanzó un récord de 2.182 dólares por tonelada en febrero. El precio «todo incluido» superó los 5.340 dólares por tonelada.
El lado venezolano. Venezuela no pudo aprovechar ese vacío. Sus fundiciones, Venalum y Alcasa, quedaron paralizadas tras el apagón nacional de 2019. Venalum tiene capacidad para 430.000 toneladas anuales, pero producía apenas 8.000 toneladas mensuales. Reactivarla requiere entre 1.000 y 1.500 millones de dólares. Las sanciones de EE.UU. contra la CVG restringieron el comercio exterior del sector durante casi una década, impidiendo la compra de repuestos y equipos.
La paradoja. Washington bloqueó la oferta rusa, sancionó a Venezuela y ahora importa aluminio venezolano de alta pureza —entre 99,5% y 99,7%— pagando una prima que duplica el precio del metal. Las medidas geopolíticas que buscaban presionar a Moscú y Caracas terminaron encareciendo el aluminio para la propia industria estadounidense.
