
El hallazgo es claro: en la relación hegemónica con Venezuela, el capitalismo tradicional y su ética han sido suspendidos. Lo que prima es la fuerza, la tecnología y la violencia armada al servicio del control de petróleo, oro y coltán.
Redacción La Tabla Plataforma de Periodismo de Datos
27 SEP 2026
La presencia de Estados Unidos en Venezuela ya no se explica por los marcos del capitalismo corporativo tradicional, donde primaban las reglas del mercado y cierta ética empresarial. Lo que estamos presenciando es la puesta en marcha de una lógica de seguridad imperial: el control territorial y de recursos estratégicos —energía, minerales, agua— impuesto por la vía de la fuerza, la superioridad militar y el dominio tecnológico.
Gran parte de la información aquí expuesta ha sido procesada, investigada y publicada por la plataforma de periodismo de datos La Tabla, cuyo trabajo ha sido clave para reconstruir estas tramas.
El caso Betancourt: la ética como obstáculo prescindible
El nombramiento de Alejandro Betancourt como pieza clave del acuerdo petrolero es la prueba más clara de que los valores éticos del capitalismo han sido subordinados al objetivo hegemónico. Betancourt, investigado por presunto lavado de dinero en Suiza y España, lidera ahora North American Blue Energy Partners (NABEP), empresa que obtuvo la explotación de 17 yacimientos petroleros con el respaldo del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que se quedó con el 35% de la compañía. Un funcionario de la administración Trump lo defendió sin ambages: «No estoy proponiendo canonizar a nadie. Lo que digo es que se trata de una persona que, en el pasado, ha sido útil para los Estados Unidos».
Esa frase resume la doctrina: la utilidad para el objetivo imperial prevalece sobre cualquier consideración moral o legal.
Las empresas contratadas: el patrón de la opacidad
Cuando las grandes multinacionales como Mobil o ConocoPhillips no respondieron al llamado, los acuerdos terminaron firmándose con actores de historial cuestionable. Hunt Oil, la firma de mayor envergadura involucrada, tiene un historial de proyectos controvertidos a nivel internacional. Los memorandos firmados con empresas como Mercuria Energy Group —la multinacional suiza de comercio de materias primas— y otras comercializadoras revelan un patrón: se prioriza la capacidad de operar sobre el terreno por encima de la transparencia corporativa.
Paralelamente, el secretario de Energía, Doug Burgum, convocó a más de 20 ejecutivos de empresas mineras —Peabody Energy, Hartree Partners, Trafigura— en Caracas para discutir el acceso a las riquezas minerales del país, incluyendo oro, diamantes y coltán, mineral crítico para la tecnología moderna.
La lógica de seguridad nacional como coartada
La declaración de Venezuela como «amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional» de Estados Unidos en 2015 no fue un accidente retórico. Fue la base jurídica para desplegar una estrategia de dominación que hoy se manifiesta en la ocupación militar, la captura del presidente constitucional y la entrega de los recursos a actores privados bajo supervisión del Pentágono.
El resultado es una política donde la flexibilidad normativa prima sobre los criterios corporativos tradicionales. No importa el prontuario ético del socio, ni las investigaciones judiciales en curso, ni el respeto al derecho internacional. Lo que importa es asegurar el control del petróleo, el oro, el coltán y el agua. La lógica es la del imperio: la fuerza, la tecnología y la violencia armada al servicio de la hegemonía.
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Nota: Este artículo fue redactado motivado por las preguntas de la periodista Jessica dos Santos sobre el caso de Alejandro Betancourt y su rol en el acuerdo petrolero con Estados Unidos. La Tabla ha venido investigando y publicando estos casos.
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