El pasado miércoles 16 de septiembre, Roma fue el escenario de una entrega de premios con un gran significado. Especialmente en una época donde el periodismo independiente enfrenta cada vez más obstáculos, el periodista italovenezolano Estefano Tamburrini, conocido por su trabajo en medios italianos como Il Fatto Quotidiano y Avvenire, acaba de llevarse uno de los reconocimientos más respetados de Italia: el premio internacional “Las Voces de la Libertad” (Le Voci della Libertà).
Ver a un talento con raíces latinoamericanas abriéndose paso y ganándose el respeto de la prensa europea siempre es una buena noticia, pero el contexto de este galardón lo hace aún más especial.
Para entender el peso del trofeo que Tamburrini tiene hoy en sus manos, hay que hablar de quién lo inspira: Oriana Fallaci. Justo este año se cumplen dos décadas de la muerte de esta legendaria escritora y periodista italiana. Si no conoces su trabajo, basta con saber que fue una mujer temida por los hombres más poderosos del mundo; famosa por sus entrevistas implacables y por jamás ceder a la censura o a lo “políticamente correcto”.
Por eso, la edición de este año lleva el lema “cortantes como un diamante” —lo que explica la forma de la estatuilla de cristal que recibió el periodista—. La idea de los organizadores es premiar a aquellas plumas que no se rompen ante las presiones y que huyen de la opinión de rebaño.
Tamburrini fue reconocido en la categoría de “Información y Medios”. El jurado destacó su capacidad para el análisis geopolítico y, sobre todo, su rechazo a conformarse con las versiones oficiales.
Para la diáspora venezolana y para América Latina en general, este premio es un orgullo. Hacer periodismo de profundidad ya es un reto gigante; pero lograr hacerlo fuera de tu país de origen y destacar en un mercado mediático tan complejo como el europeo, requiere de una ética de trabajo impecable.
El evento no fue cualquier cosa. La entrega se celebró en la elegante Sala Italia del Palazzo UNAR, en Roma, con el respaldo de instituciones fuertes como la Fundación Centro de Estudios Parlamentarios, la Asociación Internacional de Periodistas Freelance y el gobierno de la región del Lacio. En esta edición de 2026, Tamburrini compartió los honores con otros nombres de gran peso en el periodismo y la televisión en Italia, tales como el reconocido periodista italosuizo Klaus Davi —galardonado por sus valientes investigaciones sobre la mafia calabresa y el antisemitismo—, así como figuras de la talla de Dino Giarrusso, Vittoriana Abate y Camilla Nata. Compartir escenario con este gremio no hace más que consolidar el prestigio y la altísima exigencia de este galardón a nivel internacional.
Al final del día, reconocimientos como este recuerdan que el buen periodismo no tiene pasaporte. La lucha por contar la verdad y mantener el pensamiento crítico es global. Y hoy, uno de esos “diamantes” de la información es un profesional italovenezolano.
Durante la gala, el momento de la entrega del galardón estuvo marcado por una profunda conexión con la cruda realidad política y social de América Latina. El trofeo de cristal fue entregado en manos de Tamburrini por el presentador y anfitrión del evento, el profesor y diplomático Gennaro Ruggiero, secretario general de la Fondazione Centro Studi Parlamentari (Fundación Centro de Estudios Parlamentarios) y presidente de la Organizzazione Internazionale per lo sviluppo delle Relazioni Diplomatiche (Organización Internacional para el Desarrollo de las Relaciones Diplomáticas, OIRD).
Antes de cederle el micrófono, Ruggiero introdujo al galardonado elogiando sus textos en pro de la libertad en Sudamérica y recordando el trabajo conjunto que ambos realizaron cubriendo el complejo “caso Trentini”, refiriéndose a la exitosa y tensa liberación de un cooperante humanitario italiano en Venezuela.
Al tomar la palabra, Tamburrini ofreció un discurso cargado de dedicatorias, en el que no olvidó a los presos políticos, a los colegas censurados que escriben en el anonimato, ni a las víctimas de recientes tragedias naturales en su región.
A continuación, la transcripción íntegra de sus palabras al recibir el premio:
«Sí, ante todo es un placer estar aquí, de hecho tras… tras una de las pocas historias que… que llegan a buen puerto. Nosotros nos conocimos aquí… en un momento difícil del caso Trentini (…). Fue un momento en el que se generó cierta tensión debido al envío posterior de Alberto López a Venezuela, quien realizó esfuerzos sumamente importantes para la liberación del cooperante humanitario a través de la organización que tú presides.
Dicho esto, sin embargo, yo también me siento indigno de recibir este premio, porque desearía que fuese… sé que tú piensas igual, y también Oriana Fallaci estuvo atravesada por tantas historias que vivía en profundidad; de hecho, hay quien cuenta que murió incluso enojada porque hubiera querido seguir trabajando. Esa es la señal de alguien que verdaderamente está atravesado por esas historias, que las vive y las siente como persona y no solo como profesional.
Y me gustaría dedicar este premio que están por entregarme a aquellos que, en cambio, continúan en prisión; a los que siguen allí dentro, incluidos los italianos que todavía no han conseguido salir de esas oscuras cárceles, a pesar de la caída de Nicolás Maduro. Pero también a los periodistas que muy a menudo se han visto obligados… y antes bromeaba con Marianna sobre ‘Nadie’, ¿verdad? Como cuando Ulises se vio obligado en la cueva de Polifemo a decir que se llamaba ‘Nadie’ para poder sobrevivir. Muchos periodistas, aún hoy, se ven obligados ante los Polifemos de nuestra época a presentarse como ‘Nadie’, a escribir bajo seudónimo, a esconderse y a contar la realidad desde la clandestinidad.
Y dedicaría este premio también a las víctimas del último terremoto en Venezuela y en Colombia, a las víctimas de La Guaira que todavía no han logrado ponerse en pie; pero también a un país que, poco a poco, ve retroceder sus libertades, la libertad de pensamiento. Me alegra que este lugar sea un reservorio, un espacio y laboratorio importante de libertad, porque por nuestra tierra se empezó así: se empezó con el insulto, con las querellas temerarias, y terminamos de esta manera.
Y como decía el maestro Calamandrei: la democracia es como el aire, la libertad es como el aire; uno solo se da cuenta de que la ha perdido cuando le hace falta.
Por todo ello, gracias a todos y gracias a ti.»




