
Apenas 30 días después de que el Comando Sur anunciara la transición a la doctrina de combate litoral en el Caribe —centrada en nodos terrestres como bases avanzadas costeras—, los sismos del 24 de junio crearon las condiciones para que Estados Unidos activara su primera base operativa en La Guaira. Con el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar parcialmente colapsado y el puerto principal cerrado, un Elemento de Respuesta de Contingencia de la Fuerza Aérea y la 24ª Fuerza de Combate Litoral asumieron funciones técnicas críticas. Este despliegue, supervisado por un general activo de los Marines, revela cómo una emergencia humanitaria puede acelerar la implementación de una nueva estrategia militar sin violar formalmente la soberanía, pero reconfigurando de facto quién gestiona infraestructura estratégica en momentos de crisis.
Redacción: La Tabla/ Plataforma de Periodismo de Datos. 29 JUN 2026
El pasado 29 de mayo, el Comando Sur de los Estados Unidos confirmó el relevo de la 22ª Unidad Expedicionaria de Marines (MEU) por la 24ª Fuerza de Combate Litoral (LCF-24), marcando la adopción formal de una nueva doctrina operativa en el Caribe. El cambio no fue una rotación rutinaria: implicó la exigencia de nodos terrestres —pequeñas bases avanzadas costeras— para complementar el tradicional nodo marítimo del buque anfibio. En tres publicaciones consecutivas (31 de mayo, 1 y 2 de junio), La Tabla advirtió sobre la perentoria necesidad de esos nodos terrestres y sus implicaciones para la soberanía de las naciones caribeñas.
Menos de un mes después, la predicción doctrinal se ha materializado con una precisión que merece análisis periodístico riguroso.
La estructura de la nueva doctrina: del combate anfibio al litoral
Para comprender la magnitud de lo ocurrido, es necesario explicar la estructura operativa que la 24ª LCF-24 implementa en el Caribe:
– Nodo marítimo: El USS Fort Lauderdale (LPD-28), buque anfibio que sirve como plataforma de comando, transporte y apoyo logístico flotante. Es el componente tradicional de las unidades expedicionarias de Marines.
– Nodo terrestre: Es la evolución doctrinal. Consiste en pequeñas bases avanzadas establecidas en tierra, en ubicaciones costeras estratégicas. Según Stars & Stripes, «la 24ª MEU operará como Fuerza de Combate Litoral-24 desplegada principalmente en tierra con capacidad para operar desde buques de transporte anfibio». Estas bases permiten operaciones sostenidas sin depender exclusivamente del buque.
– Base avanzada: Es la instalación física del nodo terrestre. Puede ser temporal o semipermanente, y sirve como punto de apoyo para operaciones logísticas, humanitarias o de combate en la zona litoral.
La doctrina anterior era anfibia: los Marines llegaban desde el mar, actuaban y regresaban al buque. La nueva doctrina es litoral: los Marines establecen presencia terrestre permanente o semipermanente en la costa, desde donde proyectan operaciones hacia el interior. Esta diferencia no es semántica: transforma la naturaleza misma de la presencia militar estadounidense en la región.
La convergencia temporal de los hechos
El miércoles 24 de junio, dos sismos de magnitudes 7.2 y 7.5 sacudieron Venezuela, con epicentro en el estado Yaracuy y afectación principal en el estado La Guaira. Allí se concentran el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía y el puerto homónimo —la principal puerta de entrada y salida marítima del país.
Tres días después, para la fecha de esta publicación, la 24ª LCF-24 ya ha establecido su primer nodo terrestre y base avanzada en La Guaira. Según comunicados oficiales del Comando Sur, esta unidad militar —bajo mando del coronel Ryan Lynch— gestiona desde el 27 de junio las operaciones logísticas y de emergencia en ambas infraestructuras críticas.
El comandante táctico en suelo venezolano
La presencia militar estadounidense está supervisada por el mayor general Kevin J. Jarrard, comandante general de la 4ª División de Marines (Fuerzas de Reserva), designado por SOUTHCOM como supervisor in situ y enlace operativo para la respuesta humanitaria.
Según DVIDS (fuente oficial del Departamento de Defensa), Jarrard coordina la operatividad de aeronaves MV-22B Osprey y helicópteros UH-1Y Venom con base en La Guaira. Oficial de infantería con experiencia en Irak (Operación Libertad Iraquí, 2008) y excomandante del grupo de tareas combinado en el ejercicio naval UNITAS 2025, Jarrard sostuvo reuniones de coordinación con el alto mando de seguridad y defensa venezolano.
Su presencia no es meramente protocolar: es el comandante táctico de la presencia militar de EE.UU. en la crisis venezolana. La designación de un general activo de los Marines —y no de un funcionario civil de USAID— para supervisar la respuesta humanitaria es, en sí misma, un dato que merece atención.

Los terremotos del 24 de junio causaron daños severos en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, cuya infraestructura crítica quedó comprometida:
– Pista principal 10R/28L: Grietas severas en la superficie, cerrada indefinidamente mediante NOTAM A0266/26 hasta el 2 de julio de 2026 o hasta completar reparaciones e inspecciones de seguridad. La imposibilidad de usar la pista principal impide operaciones de aeronaves grandes como C-17 o aviones comerciales de fuselaje ancho.
– Terminal de pasajeros: Colapso parcial del techo, con paneles caídos y escombros en áreas públicas. Videos difundidos en redes sociales muestran pasajeros evacuando mientras el techo colapsaba. La terminal principal quedó fuera de servicio.
– Torre de control: Daños estructurales reportados que comprometen la capacidad de control de tráfico aéreo. Requiere evaluación y reparaciones.
– Pilares estructurales principales: Grietas severas identificadas que obligaron al cierre indefinido del aeropuerto hasta evaluaciones completas.
Actualmente, solo opera la Terminal Rampa 4, una instalación secundaria destinada originalmente a aviación general y carga. Es desde esta terminal reducida que se canaliza la totalidad del tráfico aéreo humanitario.

El CRE: un aeropuerto expedicionario en territorio venezolano
El 28 de junio, un Elemento de Respuesta de Contingencia (CRE) de aproximadamente 100 aviadores de la Fuerza Aérea llegó transportado en 5 aviones C-17 Globemaster. Un equipo avanzado de evaluación de aeródromo ya había completado «las reparaciones necesarias haciendo el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar operacional», según comunicados oficiales de SOUTHCOM.
El CRE no es una unidad de asistencia humanitaria convencional. Es una capacidad expedicionaria especializada en gestión de aeródromos que, según doctrina oficial, puede expandir operaciones de 1 aeronave a la vez a 3 aeronaves simultáneas, operando las 24 horas. Sus capacidades incluyen:
– Gestión de aeródromo: Dirección de movimiento de aeronaves en plataforma y coordinación del flujo de tráfico aéreo entrante y saliente.
– Generación de energía: Equipos propios para operar cuando la infraestructura eléctrica está dañada.
– Sistemas de comunicaciones: Para establecer comunicaciones de control de aeródromo independientes.
– Iluminación de aeródromo portátil: Para operaciones nocturnas.
– Equipo de manejo de carga: Para descarga eficiente de aeronaves.
– Herramientas de evaluación estructural: Para inspección continua de pista.
Según operaciones previas del CRE en Guantánamo (febrero 2025), la unidad tiene capacidad para procesar dos aeronaves simultáneamente en operaciones de 24 horas, con un throughput de hasta 400 pasajeros o equipamiento por día.
La misión declarada del CRE es «asistir al gobierno venezolano y autoridades de aviación con la expansión segura del flujo vital de tráfico aéreo entrante y saliente». Sin embargo, la distinción entre «asistencia» y «gestión» se difumina cuando la infraestructura local está destruida y las capacidades técnicas provienen íntegramente del despliegue estadounidense.
Como declaró un oficial del CRE: «Son una capacidad expedicionaria. Están completamente autosuficientes. Traen energía. Traen comunicaciones». Esta autosuficiencia convierte al CRE en un aeropuerto expedicionario temporal instalado dentro de un aeropuerto internacional venezolano.
La distinción entre asistencia y gestión técnica
Es necesario ser preciso en la terminología. Formalmente, el CRE no «dirige» el aeropuerto ni ejerce «control militar» sobre la infraestructura. Proporciona asistencia técnica en gestión de aeródromo. Pero la realidad operativa es más compleja:
– Sin el CRE, el aeropuerto no podría manejar el volumen de vuelos humanitarios.
– Las capacidades técnicas que el aeropuerto perdió (gestión de aeródromo, comunicaciones, energía, manejo de carga) son provistas íntegramente por la unidad estadounidense.
– La dependencia técnica es real y total.
Aunque formalmente es «asistencia», la realidad operativa es que Estados Unidos está gestionando técnicamente el principal aeropuerto internacional de Venezuela durante la crisis. Esto establece un precedente significativo de presencia militar estadounidense en infraestructura crítica venezolana, independientemente de la calificación legal que se le otorgue.
Una coincidencia que no es conspiración
Es necesario ser categórico en un punto: descartamos la hipótesis conspiranoica de que los terremotos hayan sido provocados o que formen parte de un plan preconcebido que incluyera el despliegue militar. Los terremotos no son predecibles. No hay evidencia científica ni geopolítica que sustente tal afirmación, y sería irresponsable sugerirlo.
Lo que sí es digno de análisis periodístico es la curiosa convergencia temporal:
1. El 29 de mayo se anuncia una nueva doctrina militar que requiere nodos terrestres en el Caribe.
2. En las semanas siguientes, la 24ª LCF-24 establece su primera base avanzada precisamente en la zona litoral más sensible de Venezuela.
3. El 24 de junio ocurren terremotos que devastan esa misma zona.
4. Para el 27 de junio, la unidad ya está gestionando las principales infraestructuras del país en medio de la crisis humanitaria.
5. Para el 28 de junio, un CRE de 100 aviadores asume la gestión técnica del principal aeropuerto internacional.
La estructura estaba lista. La doctrina, desplegada. El nodo terrestre, operativo. El comandante táctico, en posición. Cuando ocurrió el desastre, la maquinaria logística militar estadounidense ya estaba en posición para asumir el control técnico de los activos críticos de la nación afectada.
La pregunta que queda
No se trata de cuestionar la ayuda humanitaria ni la capacidad de respuesta ante un desastre natural. La tragedia de los venezolanos afectados por los terremotos es real y merece toda la solidaridad posible. Se trata, en cambio, de observar con rigor periodístico cómo una doctrina militar anunciada hace apenas un mes se materializa con oportunidad perfecta para gestionar —en medio de una emergencia— las principales infraestructuras de un país soberano.
La 24ª LCF-24 no llegó después del terremoto. Ya estaba allí, con su nodo terrestre establecido, con un mayor general de los Marines coordinando operaciones desde La Guaira, con 100 aviadores gestionando técnicamente el principal aeropuerto del país. Y el cataclismo del 24 de junio le dio, sin buscarlo, la oportunidad perfecta para demostrar la eficacia de su nueva modalidad de combate litoral.
Las preguntas pendientes son inevitables: ¿cuál es el estatus legal del despliegue del CRE en territorio venezolano? ¿Cuáles son las reglas de enfrentamiento de los efectivos militares estadounidenses? ¿Por cuánto tiempo se extenderá esta «asistencia técnica»? ¿Qué precedente sienta que un general activo de los Marines supervise la respuesta humanitaria en lugar de un funcionario civil?
La doctrina del combate litoral ya no es teoría. Es realidad operativa en La Guaira. Y los terremotos del 24 de junio, aunque impredecibles, le dieron el escenario que necesitaba para demostrar su eficacia.

