Pronto cesará la mala hora de la fallida “Paz Total”. La que nació como una real utopía y se convirtió en una larga agonía. Por lo menos, este es el anhelo del 68% de los colombianos, que considera, va por mal camino. El gobierno incumplió la gran promesa del cambio, plasmada en su política de paz: “El Estado garantizará la seguridad humana, para la construcción de la paz total”. Y lo peor, es que el candidato del continuismo, la defiende a ultranza, claro, porque ha sido, el mal mentor.
Es innegable, los resultados al término del mandato son un desastre total. Ni seguridad humana, ni paz total, ni país potencia de la vida, solo se destacan, los incesantes esfuerzos de nuestra fuerza pública por contener el desafío permanente y letal de criminales y violentos, cuya cobardía, los ha llevado a privilegiar el uso de drones como táctica terrorista. Pedaleamos sobre la bicicleta estática, por no decir, que avanzamos como el cangrejo, porque, la fuerza pública no ha sido robustecida, sigue sosteniéndose con las capacidades del pasado.
Recordemos la más reciente encuesta de Invamer según la cual 96 de cada 100 personas en Colombia se sienten inseguras, el 76% piensa que el orden público ha empeorado y el 70% que se ha perdido el control del territorio. Mientras, el Indicador Global del Crimen Gitac nos ubicó, en 2025, en el segundo lugar del mundo con mayor impacto del crimen, después de Myanmar.
Y lo más preocupante, que se hizo costumbre en este gobierno, se celebra la derrota y se culpa con retrovisor. No hay actos de contrición, para reencauzar semejante desbarajuste, por el contrario, se ahonda, se avanza sobre terrenos movedizos, sin importar las peligrosas pretensiones de narcos y terroristas que menoscaban el estado social de derecho e intimidan sin temor a la ley.
No hay duda, el candidato presidencial del Pacto Histórico y mentor de la frustrada “paz total” sigue empecinado en defenderla, engañando incautos, que según él, es el único camino correcto para cesar la violencia, pero no tiene brújula de paz, seguramente sobrepondrá su instinto paternal con el terrorismo sobre el racionamiento necesario que demanda mayor seguridad. Así lo refleja, su compilación de discursos, que presenta como programa de gobierno en 433 páginas.
La ‘Paz total’ fue la “crónica de una muerte anunciada”. No se activaron, ni funcionaron los mecanismos plasmados en la modificación de la ley 418 de 1997. Por ejemplo, la conformación del Gabinete para la Paz, no existe. La creación de las Regiones de Paz, hoy son regiones del crimen y la violencia. Y la instauración del Servicio Social para La Paz, se convirtió en un incentivo económico para no delinquir. En cambio se otorgaron amplísimos beneficios a grupos al margen de la ley, bajo un esquema de improvisación, desorden, ausencia de protocolos, y lo más grave, en un contubernio muy evidente y sospechoso entre criminales, algunos negociadores y fichas del gobierno, que usufructúan las “negociaciones” como plataforma con fines políticos en contienda electoral. ¡Este es el verdadero fraude!, así se desprende de la impresentable “paz urbana”, a la que le antecedió la afrenta del tarimazo en Medellín y ahora, la ostentosa parranda vallenata, de la cárcel de Itaguí.
Disidentes, terroristas y narcotraficantes, hábilmente se movieron, al ritmo del torbellino que acompasaba la fragilidad y descrédito de este Gobierno. Actuaron en constante complicidad con emisarios del Ejecutivo, como lo demostraron las evidencias entre alias ‘Calarcá’, ‘Papá Pitufo’ y otros peligrosos delincuentes. Sin embargo, el presidente públicamente culpa a los generales y acusa a la Fiscalía.
Los grupos al margen de la ley no solo desafiaron al gobierno, se impusieron, lo tienen entre las cuerdas, extorsionado, en plena campaña electoral y aprovechándose del escrutinio negativo de los ciudadanos. La lección es clara y así lo arrojan las encuestas. Bajo este modelo, nunca lograremos la anhelada paz.
Los indicadores lo demuestran, 618 municipios, es decir el 55% del territorio del país, está bajo influencia de 27 mil integrantes de los grupos de delincuencia organizada GDO, conforme al último estudio del Ministerio de Justicia, representando un incremento del 24% durante el actual gobierno. El retroceso en seguridad es irrefutable.
Los Puestos de Mando Unificados (PMU) para la prevención y protección de la vida, base fundamental de la “Paz Total”, tampoco funcionaron. La reducción de algunos indicadores de homicidios surgieron en medio de la confrontación continúa entre el Ejecutivo y el esfuerzo sobrehumano de algunos Mandatarios regionales, que el Presidente quiso sabotear. No hubo una articulación institucional, solo atención hacia las localidades conquistadas por el Pacto Histórico. Una seguridad innegablemente ideologizada.
En buena hora, los candidatos presidenciales de la oposición, sin excepción alguna, proyectan replantear a fondo o acabar con la fallida “paz total”. Será la caída del mito de la paz que vocifera el Pacto Histórico y que no logró conseguirla.
Todos coincidimos, en que, al final de cuentas, la solución es negociada. No compartimos aspectos acordados en La Habana, así como, el desconocimiento del plebiscito; pero hay bastante por rescatar, en términos de diseño, planificación, metodología y protocolos. Es decir, todo de lo que carece la fallida “Paz Total”. Aquí está la apuesta para los candidatos presidenciales.
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