Por Stefano Tamburrini
Sus bancos reciclaban con criptomonedas el dinero del crudo robado. Pero para Pier Ferdinando Casini “son todas excusas”. Y Terzi di Sant’Agata (FdI) define su situación como “una cuestión humanitaria”.
Las órdenes de excarcelación (n. 165-26 y 166-26) están sobre el escritorio de la dirección de la cárcel venezolana de El Rodeo I. “Medida sustitutiva”, se lee en el documento. Traducido: arresto domiciliario. Pero el coronel Alexander José Martínez Endeiza se demora. Y ellos —Daniel De Grazia y Carmelo De Grazia, italianos con doble pasaporte— permanecen en prisión desde abril de 2024. Ambos fueron detenidos por “malversación de bienes, valores o bienes públicos”, “asociación para delinquir” y “traición a la patria”. Había también un tercero, Levin De Grazia, que sin embargo logró evitar el arresto. “Es ilegal”, denuncia la esposa de Carmelo, subrayando que el coronel “mantiene arbitrariamente detenidas a dos personas”.
Su caso ha sido discutido en las últimas semanas también en el Parlamento italiano, con intervenciones de los senadores Pier Ferdinando Casini (Centristas por Europa), Giulio Terzi di Sant’Agata (FdI) y otros, que han denunciado las condiciones de detención de Daniel y Carmelo, considerándolos entre los compatriotas detenidos en Venezuela por “razones políticas”. También han pedido su “liberación” (ni siquiera prevista en las órdenes de excarcelación) y el respeto de algunos derechos, como atención médica —dada su delicada condición de salud— y visitas consulares hasta ahora negadas.
El panorama en Venezuela es más complejo. Su primo Americo De Grazia (ya ex prisionero político) sostiene que Daniel y Carmelo son víctimas de extorsión por parte de la contrainteligencia militar: “Quieren obligarlos a firmar un documento en el que ceden su banco a José Simón Elarba (empresario cercano a la administración de Caracas)”. El propio De Grazia admite que Elarba ya sería “propietario” de ese banco, llamado Bancamiga, fundado en 2007 como banco de desarrollo y crecido sobre las ruinas de Novo Banco, filial del instituto portugués Espírito Santo en Caracas. Otras fuentes sostienen que su permanencia en prisión es “una cuestión de dinero”: la administración de Delcy Rodríguez estaría pasando las cuentas a “quienes deben dinero” a la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Esto les sucede a los De Grazia y también a otros, como Wilmer Ruperti, empresario cercano al chavismo detenido hace algunas semanas.
Mientras tanto, no consta que los dos hermanos hayan cedido al presunto chantaje. Y no sería solo cuestión de orgullo. A través de Bancamiga y otras entidades, los De Grazia se habían convertido en protagonistas del mercado cambiario venezolano, un sector clave en la economía de Caracas, dada la fuerte demanda de dólares como protección frente a la inflación (hoy en torno al 600%). Pero el nudo principal eran los petrodólares procedentes del tráfico ilícito de crudo, que pasaban por Bancamiga, se transformaban en criptomonedas y terminaban en cuentas de la Compass Bank Corporation, situada en Dominica.
De ahí el nombre “Pdvsa-Cripto”, con el que la prensa ha bautizado el esquema de corrupción de 23 mil millones de dólares. Todo comenzaba con la apertura de una cuenta. “Nadie podía hacer negocios con Pdvsa si no tenía el dinero en Bancamiga”, cuenta el periodista de investigación Jorge Castro, quien describe una cadena de corrupción “bien estructurada” detrás de la cual estaban Samark López (operador en Caracas) y el ex presidente de Pdvsa Tareck El Aissami, también detenido en El Rodeo I. El dinero destinado a Caracas era reducido por comisiones y sobornos repartidos entre De Grazia, López, El Aissami y otros.
Además, Carmelo, entonces presidente de Bancamiga, recibía cargamentos de petróleo a 43 dólares por barril, revendiéndolos luego a un precio más alto. Todo esto en un país en el que más del 80% de la población vive por debajo del umbral de pobreza y que ya entonces enfrentaba una grave escasez de alimentos y medicamentos. Nunca ha quedado clara, por lo demás, la repentina ascensión de Daniel, Carmelo y Levin en el sector petrolero: provenían de la restauración, con al menos cinco negocios en Miami (Bocas, Francisca, Kitchen of the World, Laborejo y La Fontana).
Según Armando.info, ya en 2014 los hermanos De Grazia habían sido señalados por el Departamento de Estado por “actividades sospechosas” relacionadas con 200 millones de dólares transferidos por la casa de valores Intersecurities International Inc., de su propiedad, al Continental Bank. A la luz de estos datos, llama la atención la vehemencia con la que, siempre en el Senado, Casini afirmaba: “No vengan a decir que hay delitos financieros u otros, porque todos, incluso los niños de preescolar, saben que esas son excusas”. Y añadía: “El problema hoy no son los bancos de los que estos señores son legítimamente propietarios”. Más prudente Terzi di Sant’Agata, que se incomoda cuando se toca el asunto Bancamiga: “Hay toda una historia detrás de esto que ni siquiera queremos tocar, un banco cuyas vicisitudes nos han sido contadas y que también conocemos por otras vías”.
Por otro lado, para los De Grazia se ha lanzado una campaña que ya ha tenido eco en Miami, epicentro de sus actividades. “Han intentado involucrarme”, confiesa un periodista venezolano a Ilfatto.it, que ha preferido permanecer en el anonimato. “La colega que me lo propuso estaba visiblemente incómoda”. Y concluye: “Todos los prisioneros tienen derechos esenciales, pero no podemos inventarnos que Daniel y Carmelo sean inocentes, ni llamarlos ‘prisioneros políticos’”.
FUENTE



