Noticias Candela - Informe 25 por Jorge Castro

El regreso a Euskadi de Arturo Cubillas, el etarra favorito del chavismo

El “caso Cubillas”

Aunque Cubillas era de sobra conocido para los servicios de información de la Policía y la Guardia Civil, su nombre irrumpió en la opinión pública hace ahora 16 años. En marzo de 2010 apareció como el principal imputado en una causa abierta en la Audiencia Nacional para investigar las relaciones entre ETA y las FARC, con la presunta cooperación del Gobierno venezolano.

La información que figuraba en los archivos policiales decía que este etarra había regentado en el país caribeño un bar que se llamaba “Oker’s”, el mismo nombre del comando de ETA que integró en la década de los ochenta. En el Oker militó la histórica Idoia López Riaño, conocida como “la Tigresa” por su físico, aunque su alias oficial en ETA siempre fue “Margarita”.

Entre otras acciones, a ese comando se le atribuyó el asesinato de Ángel Facal Soto, perpetrado el 26 de febrero de 1985 en Pasajes. La Audiencia Nacional archivó 25 años después las diligencias abiertas contra Cubillas por este atentado. Consideró que, pese a existir “indicios racionales de criminalidad”, los hechos que se le imputaban habían prescrito.

Cumplió 61 años el pasado diciembre. Han pasado más de cuatro décadas desde que decidió entrar en la banda terrorista. Eran los años ochenta, los más sangrientos de la organización criminal, que dejó más de 800 muertos. Las fuerzas de seguridad le perdieron el rastro a finales de 1985. La Policía cree que escapó tras atracar una sucursal de la Caja Postal en la localidad guipuzcoana de Rentería.

Apareció en Francia, donde se instalaban todos los terroristas que querían eludir la presión policial. Cubillas fue expulsado dos años después a Argelia junto a otro histórico etarra como Santiago Arrospide Sarasola, “Santi Potros”. En 1989 cruzó el Atlántico en dirección a Venezuela y allí hizo su vida. Él habla de Venezuela como su país; no en vano, logró la ciudadanía y eso le resultaría clave para eludir la acción de la justicia española tiempo después.

Fueron decenas los etarras que se establecieron desde finales de los noventa en el país caribeño tras las conversaciones de Argel. ETA y el Gobierno socialista de Felipe González habían mantenido unas negociaciones de desarme que acabaron fracasando. González llegó a un acuerdo con el entonces presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, para acogerlos, y Cubillas fue uno de ellos. La vida de Cubillas volvió a cambiar cuando Hugo Chávez llegó al poder en abril de 2002.

Para calibrar el nivel de complicidad que desarrolló el chavismo con los etarras, basta leer la anécdota que plasmó en su libro quien fuera responsable del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Jorge Dezcallar. El jefe de los espías españoles bajo el Gobierno de José María Aznar relató un chivatazo a seis etarras en Venezuela para evitar su detención.

Dezcallar se reunió en 2002 con Chávez para presentarle una lista de terroristas que los servicios secretos españoles habían localizado y querían detener al día siguiente. Cuando se presentaron en sus casas, todos habían desaparecido. Dezcallar cree que alguien avisó a los terroristas desde el mismo Palacio de Miraflores para que eludieran su arresto.

Cubillas denunció en febrero de 2003 ante el Defensor del Pueblo venezolano que le estaban siguiendo y acusó a la Policía española. Le habían detenido unos meses antes, pero le pusieron en libertad pasadas unas horas porque en aquel momento no figuraba en la lista de etarras reclamados por la Audiencia Nacional.

La causa sobre los vínculos con las FARC le puso de nuevo en el foco años después y provocó un conflicto diplomático entre España y Venezuela. El Gobierno accedió a la petición de la Audiencia Nacional, que le acusó en concreto por la comisión de delitos de tenencia de explosivos, colaboración con banda armada (por las FARC) y conspiración para cometer homicidios terroristas.

Según el artículo 8 del tratado de extradición vigente entre los dos países y que data de 1989, Venezuela no está obligada a extraditar a las personas reclamadas por España que hayan obtenido durante su estancia allí la nacionalidad venezolana, como era el caso de Cubillas. El entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, hoy muy próximo al régimen, llegó a calificar entonces la colaboración de Venezuela como “siempre mejorable”.

Desde 2007, el etarra desempeñó un cargo como jefe de Seguridad del Instituto Nacional de Tierras (INTI). Se lo confirmó a la Audiencia Nacional el exembajador de Venezuela en Naciones Unidas y exministro de Información de este país, Diego Arria Salicetti.

En la causa sobre las conexiones con las FARC también declararon dos etarras detenidos en España llamados Javier Atristain y Juan Carlos Besance Zugasti. Le confesaron al juez que en 2008 viajaron a Venezuela y allí les recibió Cubillas para adiestrarles en el manejo de explosivos. A la causa se sumó un testimonio más, el de un exmiembro arrepentido de las FARC. Relató que entre 2006 y 2007 Cubillas visitó los campamentos de la guerrilla y que los accesos a los mismos estaban controlados por militares venezolanos.

Cubillas llegó a declarar ante la Fiscalía venezolana. Lo hizo en calidad de testigo y a petición propia para negar su relación con los hechos. También concedió al menos dos entrevistas a Telesur, un medio controlado por el chavismo. “No tengo nada que ocultar, ni tengo que defenderme de mentiras que dan por verdad de manera irresponsable”, indicó.

También vaticinó que la causa quedaría en nada y que los dos etarras que le incriminaron declararon bajo torturas. “Nunca he estado en un campamento de las FARC y nunca he entrenado a nadie, eso sí te lo puedo decir”, aseveró. La causa, tal y como vaticinó, quedó en nada. El juez que trató de investigar las conexiones de ETA con las FARC, Eloy Velasco, se consoló diciendo que “todo régimen político acaba alguna vez”. Se refería a la posibilidad de volver a intentarlo en una Venezuela sin chavismo.

Hoy Cubillas hace vida normal en su Donosti natal. Cuando ETA decretó el cese definitivo de la violencia en 2011, muchos de los etarras que llevaban décadas fugados en el extranjero revisaron sus causas pendientes con la ayuda de los abogados de la banda. La mayoría, que tenían sus casos prescritos, decidieron volver a Euskadi. Hoy ya apenas quedan etarras fuera. Arturo Cubillas demoró años el regreso, pero también acabó regresando sin responder por sus crímenes ante la justicia.


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