Noticias Candela - Informe 25 por Jorge Castro
indulta a un expresidente condenado y promueve a su protegido en Honduras – La Tabla Blog

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Trump apoya a Tito Asfura, principal aliado del narcopresidente JOH, indultado ahora por el presidente gringo

Análisis: La Tabla/Plataforma de Periodismo de Datos 30 NOV 2025

En una jugada política de extraordinaria hipocresía, el expresidente Donald Trump, en vísperas de las elecciones en Honduras, lanzó un llamado apasionado para evitar que «Maduro y sus narcoterroristas» tomen el poder en Tegucigalpa. Sin embargo, este discurso de defensa de la democracia y la lucha contra el narcotráfico se derrumbó en el mismo instante en que anunció el indulto total al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico y lavado de dinero.

La contradicción es tan flagrante como el objetivo: no se trata de combatir el crimen organizado, sino de imponer un gobierno aliado en América Latina, utilizando la retórica anti-narcóticos como cortina de humo para una intervención directa en los asuntos soberanos de Honduras.

El 28 de noviembre de 2025, dos noticias de impacto global salieron de la oficina de Donald Trump, y juntas revelan la verdadera intención de la política exterior estadounidense: por un lado, el anuncio del indulto a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras y convicto por tres cargos de narcotráfico; por otro, una campaña de apoyo sin precedentes a su exsubordinado, Nasry “Tito” Asfura, candidato del Partido Nacional a la presidencia hondureña.

La publicación de Trump en Truth Social fue explícita y alarmante. Con un lenguaje que evoca la Guerra Fría, describió a Venezuela, Cuba y Nicaragua como países tomados por «narco-terroristas» liderados por Maduro, y presentó a Asfura como el único «defensor de la democracia» en Honduras, capaz de resistir esa amenaza.

El mensaje era claro: votar por Asfura era votar por la libertad; votar por cualquier otro candidato —especialmente Rixi Moncada o Salvador Nasralla— era abrir la puerta a la tiranía comunista y al narcotráfico.

Esta narrativa, sin embargo, choca frontalmente con la realidad. El propio Trump, en ese mismo comunicado, felicitó a Juan Orlando Hernández por su próximo indulto, un hombre que, según la justicia estadounidense, recibió millones de dólares del cártel de Sinaloa, encabezado por Joaquín “El Chapo” Guzmán, y utilizó su cargo para facilitar el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

¿Cómo puede un presidente que se autoproclama “firme en la lucha contra el narcotráfico” perdonar a un narco-presidente? La respuesta no está en la coherencia moral, sino en la estrategia geopolítica.

La promoción de Asfura no es un gesto de apoyo casual; es una intromisión abierta y descarada en la soberanía de Honduras. Trump no solo respalda a un candidato, sino que descalifica sistemáticamente a todos los demás. A Rixi Moncada la tacha de admiradora de Fidel Castro, y a Salvador Nasralla lo presenta como un traidor que fingirá ser anti-comunista solo para dividir el voto conservador.

Esta táctica de “divide y vencerás” es clásica en las intervenciones extranjeras, y aquí se emplea con un detalle que solo puede explicarse por un compromiso muy estrecho entre Trump y el Partido Nacional hondureño, el mismo partido que gobernó con Hernández durante años.

Además, esta maniobra coincide con el anuncio del bloqueo aéreo contra Venezuela, una medida que intensifica la confrontación con Maduro y refuerza la narrativa de que el enemigo es el “comunismo” y el “narcotráfico”.

Pero la evidencia muestra que el verdadero objetivo no es derrotar al narcotráfico, sino controlar quién gobierna en los países vecinos. El indulto a Hernández es una señal clara: Estados Unidos está dispuesto a perdonar a los narcotraficantes si son útiles a sus intereses políticos. Y el apoyo a Asfura es la prueba de que esos intereses están en juego en Honduras.

En resumen, el discurso de Trump sobre la defensa de la democracia y la lucha contra el narcotráfico es una fachada. Su verdadera agenda es asegurar que en Honduras, como en otros países de América Latina, gobierne un líder leal a Washington, independientemente de su pasado o de sus vínculos con el crimen organizado.

La democracia hondureña no está en peligro por Maduro; está en peligro por la manipulación externa de una potencia que, en nombre de la libertad, está dispuesta a sacrificarla en el altar de sus propios intereses.

El pueblo hondureño debe tener claro: el verdadero riesgo no viene de Caracas, sino de Washington. Y el verdadero “narcoterrorista” que hoy busca tomar el control de Honduras no lleva uniforme militar, sino traje de negocios y un indulto presidencial en el bolsillo.


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