En Panamá no hace falta explicar cómo sería una invasión de EEUU: ya la sufrieron
(Fuente: El Confidencial. Publicado 30 de marzo de 2023) La última base estadounidense en la zona del canal de Panamá cerró el 31 de diciembre de 1999. Washington se retiró entonces del país centroamericano después de décadas de control de la estratégica instalación. Ahora todo ha cambiado. Donald Trump ha pedido a los militares que elaboren un memorando con opciones para incrementar la presencia de tropas estadounidenses en Panamá.
Washington llega incluso a contemplar la opción de tomar el canal por la fuerza, tras denunciar la influencia de China en la vía transoceánica. Se trata de la mayor amenaza en las últimas décadas a la soberanía del Estado istmeño, donde se tiene un difícil recuerdo de intervenciones estadounidenses como la de 1989.
“Trump está pateando la mesa, tirando el tablero al suelo y buscando romper las fichas de la geopolítica mundial”, comenta a El Confidencial el consultor político colombiano Orlando Goncalves, con amplia experiencia en Panamá.
El presidente estadounidense ya se había negado, al principio de su
mandato, a descartar el uso de la fuerza. Denunció, entonces, una influencia de China sobre el Canal y que los buques estadounidenses pagan precios exorbitantes por transitar la vía, aunque desembolsan las mismas tarifas que las naves de cualquier bandera.
Dos funcionarios del Gobierno de EEUU filtraron, la pasada semana, a la cadena NBC, que el presidente pidió a sus militares desarrollar un abanico de opciones para el Canal de Panamá, desde una asociación más cercana con las fuerzas de seguridad panameñas a una menos probable de enviar tropas por la fuerza.
Trump volvió a decir, días antes, que para “mejorar” la seguridad nacional de EEUU, su administración “va a reclamar el canal de Panamá”, sin aclarar qué significa ese término.
El uso real de la fuerza, según las fuentes de NBC, dependería de cuánto están dispuestas las autoridades panameñas a asociarse con EEUU. La cadena estadounidense asegura también que, en privado, el presidente dice que una presencia militar en el país centroamericano es básica para lograr el objetivo de que EEUU vuelva a controlar el canal.
El Pentágono negó el día después de la publicación que vaya a haber cambios en esa presencia militar en Panamá, aunque sí señaló que trabaja en maniobras conjuntas.
¿Una invasión?
La administración Trump considera que EEUU debe tener un trato preferencial en el Canal. El país norteamericano construyó la vía interoceánica entre 1904 y 1914, tras un frustrado intento de Francia y Washington la administró durante décadas, hasta que, en 1977, tras años de protestas en Panamá, el ex presidente demócrata Jimmy Carter firmó con el entonces líder del país centroamericano, Omar Torrijos, la cesión de la operación de la instalación 22 años después. Ese pacto fue muy criticado por los conservadores estadounidenses en esa época y es visto por Trump como un “grave error”.
Si el peor escenario, la intervención de EEUU, se cumple, Panamá no tendría cómo responder. El país centroamericano, respetando su Constitución, no tiene Ejército.
“Se presentaría una guerra asimétrica, ya que Panamá abolió su estamento militar en 1990, justo después de la anterior invasión de EEUU, y es además un país de apenas 4,5 millones de habitantes”, considera el analista Goncalves.
El Gobierno panameño, por el momento, está en negociaciones de diversa índole con EEUU, pero parece, al mismo tiempo, dispuesto a no ceder en lo relativo a la vía transoceánica. “Panamá se mantiene firme en defensa de su territorio, de su canal y de su soberanía”, señaló el ministro de Exteriores, Javier Martínez Acha, tras conocer la filtración de NBC.
No son solo palabras. El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, visitó el país en febrero, en principio para rebajar la tensión y llegar a acuerdos, pero tras su visita su oficina lanzó el mensaje de que Panamá permitiría el cruce gratuito de los barcos propiedad del Gobierno estadounidense, elevando la temperatura. La autoridad panameña del Canal, lejos de claudicar, señaló que no se había acordado tal cosa y negó la mayor casi inmediatamente.
Un país sin claros apoyos internacionales
Las consecuencias de un envío de tropas de EEUU no consensuado con las autoridades panameñas serían graves tanto para el país centroamericano como para la región.
“Una agresión militar a un país desarmado conduciría, necesariamente, al endurecimiento de las relaciones de América Latina con los EEUU y propiciaría el acercamiento a China y a otras potencias. Esa intervención injustificada fortalecería también la mano de las dictaduras de Nicolás Maduro en Venezuela, Miguel Díaz Canel en Cuba y la familia Ortega en Nicaragua”, considera el analista político panameño Rodrigo Noriega.
No tendría fácil Panamá, eso sí, buscar amigos que respondan inmediatamente por el país, y una de las razones de peso es que uno de sus principales aliados ha sido precisamente EEUU, con lo que no puede recurrir a los rivales geoestratégicos de Washington. Además, Panamá ha sido un país que, tradicionalmente, ha mantenido distancia con la política regional y eso no juega a su favor.
América Latina, en cualquier caso, coinciden la mayoría de los analistas, no tiene la capacidad ni la unidad política o institucional suficiente para articular una respuesta regional a una eventualidad como el envío unilateral de tropas a Panamá. Tampoco el estado actual del multilateralismo ayuda.
Además, en el país centroamericano parte de la población critica que la política exterior panameña ni es clara ni tiene estrategia y eso favorece los intereses de EEUU.
Eso sí, el hecho de que el canal sea una instalación clave en el tránsito internacional de mercancías es relevante. “Es una de las vías más importantes del planeta y una intervención generaría una reacción en cadena de la comunidad internacional, en especial de China, uno de los grandes usuarios del canal”, cree el analista Goncalves.
“Saqueador geoestratégico”
Lo que está claro es que la nueva política de EEUU consiste en cuestionar las fronteras establecidas, porque al caso panameño se unen también el de Canadá y Groenlandia, que Trump indisimuladamente plantea anexionar a territorio estadounidense.
“Trump aspira a ser un saqueador geopolítico. Quiere llenarse los bolsillos con Groenlandia, Panamá, Canadá y Gaza, tomarlos de las estanterías, sin pagar, y luego volver corriendo a su refugio estadounidense. Nuestros aliados de la posguerra nunca han visto este EEUU”, reflexionó, la pasada semana, el columnista Thomas Friedman en The New York Times.
“Trump nunca tuvo una teoría coherente sobre las grandes tendencias del mundo actual y de cómo alinear mejor a EEUU con ellas para prosperar en el siglo XXI. No se postuló a la presidencia para eso”, añadió. “La geopolítica mundial, el planeta y sus habitantes, están cambiando a pasos acelerados”, apunta, por su parte, el analista Goncalves, que ve la amenaza de la llegada de tropas estadounidenses a Panamá como un cálculo político.
“Una intervención armada de los EEUU a Panamá, desde mi perspectiva, es absolutamente inviable y solo responde a una estrategia personal del presidente. Golpear con el garrote, infringir temor, para luego negociar desde una posición de fuerza. Además, le sirve como distractor, para que no se observen otras acciones que ejecuta o como cortina de humo para ocultar ineficiencias en la gestión”.
Décadas de intervención
La posibilidad de una intervención es un tema muy delicado para la población panameña y que toca mucho su sensibilidad.
EEUU ha intervenido Panamá en prácticamente una decena de ocasiones desde el Siglo XIX. El Estado centroamericano se independizó de Colombia en 1903, después de que las autoridades del país cafetero se mostrasen reacias a acordar un tratado sobre la futura vía canalera. Washington espoleó una rebelión y después la marina estadounidense impidió a las tropas colombianas llegar al territorio de su entonces región norteña, ante la imposibilidad del cruce a pie por la selva del Darién.
En 1964 estallaron unas fuertes manifestaciones estudiantiles contra el control norteamericano del canal. Hasta 21 panameños y 4 estadounidenses resultaron muertos en unas protestas que resonaron tanto como para que Carter acabara firmando la cesión del canal a Panamá.
El episodio reciente más traumático de la relación entre los dos países se dio en la Navidad de 1989, cuando 25.000 soldados estadounidenses invadieron Panamá, por orden de HW Bush, para destronar al dictador Manuel Noriega, ex colaborador de la CIA, y ahora convicto por tráfico de drogas.
El registro oficial cuenta 441 muertos, pero en Panamá se denuncian, extraoficialmente, hasta 4.000 civiles fallecidos. Documentos estadounidenses desclasificados, estudiados por la agencia EFE, apuntan a que hubo 516 muertos, de los cuales 314 fueron militares y gran parte de ellos fueron enterrados en fosas comunes.
“Aún hay heridas abiertas que no han sanado”, señala el analista Goncalves.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos falló, en 2018, que el Ejército de EEUU cometió crímenes y violó los DDHH, estableciendo que Washington debe resarcir a las víctimas. Las autoridades panameñas no han reclamado, hasta la fecha, compensación alguna.
Complacer a Washington
Panamá, en cualquier caso, está intentando decididamente complacer a la nueva administración a cargo de la Casa Blanca, poniendo el límite de favorecer a EEUU en el canal, algo que, alega, violaría los acuerdos de neutralidad sellados en el tratado Torrijos-Carter.
El país centroamericano renunció a renovar el acuerdo con China en torno al proyecto de la Nueva Ruta de la Seda del gigante asiático, un monumental proyecto de infraestructura mundial que Washington ve con mucho recelo.
La Administración Trump y algunos elementos de las FFAA estadounidenses consideran que China tiene una gran influencia en el canal, con instalaciones “de uso dual” civil y militar y que, si estallase un conflicto, el país asiático podría cerrar el paso a las naves de EEUU, algo que tanto Panamá como Pekín niegan.
Fuente importante de las tensiones son los puertos de Balboa y Cristóbal, situados a ambos extremos del canal, operados hasta ahora por la empresa CK Hutchinson, con sede en Hong Kong.
Esa compañía, sin embargo, vendió, hace unas semanas su operación tanto en esas instalaciones canaleras, como en decenas de puertos alrededor del mundo, al gigante inversor estadounidense BlackRock, por unos 22.800 millones de dólares.
La operación provocó la ira del líder chino Xi Jinping, según The Wall Street Journal, y los medios de Hong Kong leales a Pekín la describieron como “arrodillarse” ante EEUU. China se estaría planteando activar la ley de seguridad nacional de Hong Kong para revertir el pacto, pero por ahora no lo ha hecho y parte de los analistas internacionales creen que finalmente no lo hará.
La venta de los puertos, que fue consultada a Trump por parte del CEO de Blackrock, y calificada como un triunfo político y mediático para la Administración estadounidense, no ha sido suficiente para rebajar las tensiones y el presidente ha continuado refiriéndose a la necesidad de “retomar” el control del canal.
Panamá no solo ha intentado complacer a EEUU en su relación con China. El líder del país centroamericano, Raúl Mulino, también pactó con Washington controlar los ríos de migración indocumentada por el paso selvático del Darién, que ha disminuido en un 98%.
El país istmeño también ha recibido vuelos de deportados de terceros países, especialmente asiáticos, y decenas de migrantes vagan ahora por las calles de la capital panameña, de embajada en embajada, pidiendo asilo político.
No es suficiente para Trump, y Panamá tendrá que decidir pronto, probablemente, si permite la llegada de más tropas estadounidense al país.
Actualmente, según NBC, hay unos 200 militares de EEUU en Panamá. La cifra oscila según los relevos, y los soldados trabajan oficialmente junto a las fuerzas panameñas para proteger el país de riesgos internos, insurgencia o protestas.
Ampliar su número sería delicado. “La presencia de tropas militares extranjeras, de cualquier país, en territorio panameño viola directamente el tratado de neutralidad permanente del Canal de Panamá”, subraya el analista Noriega.
“Ocasionalmente han ocurrido visitas de destacamentos militares en tareas humanitarias, principalmente servicios médicos y salud, para las áreas indígenas. Existe una fuerte cooperación de los cuerpos de seguridad de Panamá con los Estados Unidos en materia de narcotráfico, combate al terrorismo y migración indocumentada. Sin embargo no existe una base militar oficialmente autorizada por medio de un tratado que implique las prerrogativas propias de ese tipo de presencia militar”, añade.
Los funcionarios de EEUU que filtraron la información sobre el memorando a la NBC aseguraron que el comando sur de EEUU le entregó los planes al secretario de Defensa, Pete Hegseth. El funcionario tiene previsto viajar a Panamá en abril y la cita podría convertirse en clave para las relaciones entre los dos países.
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