Noticias Candela - Informe 25 por Jorge Castro
📝 «Traición» no es una categoría de análisis (La Tabla Editorial) – La Tabla Blog

📝 «Traición» no es una categoría de análisis (La Tabla Editorial) – La Tabla Blog

Redacción: La Tabla Plataforma de Periodismo de Datos 14 MAY 2026

En el debate público sobre la caída de Maduro el 3 de enero, una palabra ha dominado las conversaciones: traición. Se acusa a altos mandos militares, a Delcy Rodríguez, a Diosdado Cabello, a Vladimir Padrino. Se habla de “puñalada por la espalda”, de “vendepatrias”, de “entreguismo”. Pero esa narrativa, aunque emotivamente comprensible, es analíticamente estéril.

La traición es una categoría moral, no estratégica. Sirve para la novela, el juicio histórico o el ajuste de cuentas interno, pero no explica nada sobre lo que realmente ocurrió en Fuerte Tiuna la madrugada del 3 de enero. Porque lo que allí sucedió –la captura del presidente sin que la FANB opusiera defensa organizada– fue el resultado de decisiones racionales, no pasionales.

Racionales en el sentido más frío del término: cada actor evaluó sus costos y beneficios, sus probabilidades de supervivencia, sus opciones reales sobre el tablero. El alto mando militar sabía que enfrentar la operación estadounidense con los medios disponibles (radares neutralizados, misiles sin guía, cadena de mando rota) no habría recuperado a Maduro, sino que habría desencadenado una represalia masiva contra la propia estructura de poder. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, al pedir una “fe de vida” en lugar de exigir la liberación inmediata, no actuó por cobardía personal: actuó como la administradora de un Estado que ya había perdido su principal activo –el comandante en jefe– y buscaba minimizar daños colaterales.

Eso no es “traición”. Es, en el mejor de los casos, gestión de la derrota. En el peor, rendición calculada. Pero en ningún caso, venganza ni entrega por odio o beneficio personal.

Desplazar el análisis hacia la “traición” tiene un efecto perverso: nos impide preguntar lo realmente importante. ¿Por qué el sistema de defensa aérea fue neutralizado tan fácilmente? ¿Cómo fue posible el sabotaje interno? ¿Por qué la cadena de mando no funcionó? ¿Por qué no había un plan de evacuación para el presidente dentro del propio Fuerte Tiuna?

Responder esas preguntas requiere inteligencia estratégica, no tribunales morales. La traición, como categoría, no nos ayuda a diseñar un dispositivo defensivo mejor para el futuro. Solo nos da un chivo expiatorio.

Por eso, en este espacio, no hablaremos de traición. No porque no haya habido actos de deslealtad –los habrá, seguramente–, sino porque esa lente oscurece más de lo que ilumina. Preferimos la racionalidad fría de Clausewitz, el cálculo de costos de Schelling, el realismo del ajedrez. Allí encontraremos respuestas más útiles que en el grito de “¡traidores!”.

La derrota del 3 de enero fue militar, política y estratégica. Pero no fue, principalmente, un drama de traiciones personales. Fue el resultado de una operación enemiga superior y de decisiones propias –equivocadas, quizá, pero racionales dentro de la información y las restricciones del momento.

Analicemos, pues, con fría cabeza. Porque la patria no se defiende con linchamientos morales, sino con capacidad de análisis y acción. Y eso es lo que intentamos construir aquí.


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